Ayer, en medio de la epidemia por el nuevo coronavirus que azota a México, tras recibir la noticia de cuatro fallecimientos a causa del Covid-19, el gobernador Enrique Alfaro Ramírez externó en redes sociales haber sentido “ganas de llorar” y un tropel de sentimientos encontrados, entre los que describió “tristeza, coraje, pero sobre todo frustración”.     muertos

No cuestionaré la legitimidad o la veracidad de los dichos del gobernador, pues sin duda la muerte de un ciudadano que forma parte activa de la sociedad es sumamente dolorosa, más aún cuando ocurre en un ambiente de incertidumbre y en que las condiciones para una fúnebre despedida no están dadas.

No obstante, lo que sí está a debate es la conmiseración de la que el mandatario hace gala.

Al repasar cada línea del mensaje, muy distante cada palabra empleada a las utilizadas usualmente por Enrique Alfaro en su comunicación oral ─ya sea al dirigirse a la ciudadanía o a los medios de comunicación─, no pude más que pensar en una de las estrategias de manipulación mediática planteadas por el estudioso francés SylvainTimsit, allá por el 2002: apelar al sentido emocional antes que al reflexivo.

En tiempos cuando el llamado a la reflexión y a la crítica sobre un sistema ideológico y económico que nos ha llevado a la miseria ─ensanchando cada vez más la brecha económica y sangrando los servicios públicos a través de la corrupción e impunidad─ debería de imponerse, Alfaro Ramírez apuesta por la implantación del temor, un elemento primordial de la citada táctica.

¿La razón? Ya se verá.

“Ni madres que nos vamos a rendir. Ni madres que vamos a aflojar el paso, Es por ellos, por nuestros hijos, por nuestros padres, por los que amamos. Es por los que hoy se fueron y por los que se irán en los próximos días”, remarcó en la web 

El siguiente planteamiento es: ¿hay muertos que valen más que otros?

Habrán de recordarme los lectores si acaso pasé por alto algún gesto de la vida pública alfarista.

No recuerdo ─ esto expresado esto con sumo respeto a los muertos de Jalisco y a las familias que los lloran y extrañan─ que el gobernador se haya mostrado tan enternecido frente a las decenas de asesinatos que cada semana se apunta el crimen organizado en la entidad. Incluso hay que recordar que ante la existencia de antecedentes penales entre los occisos, los ha tildado de “malandros”, como si no hubiera espacio para la redención en el ser humano.

Tampoco la pena parece haberle embargado ante los 49 fallecidos que dejó el dengue el año pasado, problema de salud que se combatió con insecticida caduco y que dejó al estado como puntero en esta funesta estadística.

Y qué decir de la influenza, enfermedad que ha dejado 39 fallecimientos en lo que va del año, cifra mayor a la registrada en cualquier estado de la República mexicana.

Por si fuera poco, están los feminicidios y las desapariciones, temas en los que activistas locales coinciden en que ha habido insensibilidad y poca atención por parte del político. Vamos, la entidad es primer lugar nacional en desaparición de menores de edad y mujeres.

Reitero: ¿hay muertos que valen más que otros? Pareciera que en la política sí, sobre todo cuando se busca sacar raja y el 2024 se acerca, lejano pero constante.

Ya lo escribía Guadalupe Ramos Ponce en su espacio de opinión Mirada Violeta, publicado en Partidero, que el Covid-19 nos vino a mostrar la mezquindad de funcionarios y empresarios.

“Son más de 50 mujeres asesinadas en lo que va del año y jamás he escuchado al gobernador pronunciarse ni emprender acciones contundentes contra los feminicidas, ni contra las desapariciones y ni siquiera contra el dengue, que también creció en el estado gracias a las ineficacias gubernamentales para su contención. Es mezquino que se haga un uso politiquero de esta tragedia humanitaria. Eso, la mezquindad, también es algo que el Covid-19 nos vino a demostrar”, apuntó.

Hagamos pues, un espacio para la reflexión social sin olvidar que, como ya lo había mencionado en una oportunidad anterior, eventualmente la pandemia concluirá y habremos de llamar a la rendición de cuentas a nuestros gobernantes, sea cual sea el apellido que éstos ostenten y la investidura que representen.

Mientras tanto, queda atrás la sonrisa valentona de Alfaro Ramírez, para la que Benedetti parece haber escrito las siguientes líneas:

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

 

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