Hurgar con catalejos
Amado Aurelio Pérez
obra intervenida con IA original de Picaso
IN MEMORIAM: RODRIGO RUY ARIAS IBAÑEZ (1965-2021)
Amigo, cómplice, padrino.
Huidobro – Reverdy – y Nord-Sud.
(CIEN AÑOS DE POLEMICA)
A diferencia de estéticas vanguardistas, como el surrealismo o el dadaísmo europeo, el creacionismo no pretendió anular la racionalidad en la producción poética. Una vanguardia que quiere ser teórica (vale decir, una nueva corriente artística) y política (con el propósito de transformar el mundo y en la que el poeta tiene el rol de crear una vida de belleza para la humanidad). Huidobro criticaba el automatismo puro de los surrealistas, no negaba la importancia del inconsciente, pero desconfiaba de los métodos que buscaban destacar solo algunas de las facultades humanas en detrimento de otras.
El inicio de esta estética se ha fijado alrededor de 1916, cuando Huidobro viajó por primera vez a Europa y se estableció en París, donde se vio inmerso en una polémica acerca de la filiación del movimiento. El poeta francés Pierre Reverdy, quien fue amigo de Huidobro y con quien publicó la revista Nord-Sud (1917), se declaraba como el precursor de esta tendencia literaria (él habría sido quien primero enunciara sus principios) y acusaba a Huidobro de falsificar las fechas, asegurando que habría adelantado el año de publicación de su obra El espejo de agua. La disputa sobrevivió a ambos poetas y recién vino a apaciguarse cuando Braulio Arenas, preparando las Obras completas (1964) de Huidobro, diera con una edición bonaerense de El espejo de agua fechada en 1916, dos años antes de su publicación en Madrid. Este hallazgo puso fin a una controversia que duró medio siglo.
El autor de Altazor, (Vicente Huidobro), es también, el primero en hacer uso de la JITANJAFORA, una figura literaria, que Alfonso Reyes, definió como padecería de frases que no parecen de este mundo, meros impulsos rítmicos que algunos confunden con la inspiración.
La correspondencia conservada del periodo 1916-1955 entre Rafael Cansinos Assens (1882-1964) y Guillermo de Torre (1900-1971), figuras clave de la vanguardia histórica española, ilumina trasfondos y entretelones del movimiento ultraísta. Permiten, por un lado, seguir desde dentro el proceso de gestación del ultraísmo, desde que Torre lo menciona por primera vez en carta a Cansinos de enero de 1917. Por otro, dejan apreciar también la tirantez entre las nociones que ambos corresponsales tenían acerca de lo literario y lo poético. Del intercambio epistolar surge, asimismo, con inusual claridad, el momento preciso en que Cansinos decide desentenderse definitivamente del ultraísmo y su pesada carga (carta número 66, de agosto de 1921). Otro de los temas que se transparentan en esta correspondencia es la polémica entre Guillermo de Torre y Vicente Huidobro o, si se prefiere, entre el ultraísmo y el creacionismo.
El Creacionismo es una de las vanguardias más interesantes aparecidas en Latinoamérica, aunque lo cierto es que, exportada por el propio Huidobro, tuvo grandes representantes en la península, como Gerardo Diego y Juan Larrea. Además, en este caso, venía a simultanearse la existencia de una estética y una poética formuladas desde el plano teórico con las altísimas cotas literarias logradas en el plano de la escritura poética. Quizá el lugar donde Vicente Huidobro recopile de una manera más detallada y sistemática todos los principios de este movimiento sea en su manifiesto «El Creacionismo», aparecido por vez primera en francés en su libro Manifestes (1925). Allí, en primer lugar, justifica la existencia del Creacionismo antes de su llegada a París:
«El creacionismo no es una escuela que yo haya querido imponer a alguien; el creacionismo es una teoría estética general que empecé a elaborar hacia 1912, y cuyos tanteos y primeros pasos los hallaréis en mis libros y artículos escritos mucho antes de mi primer viaje a París». Pero, después de esa justificación, no tarda en presentar su receta particular de lo que ha de ser un poema creacionista: «El poema creacionista se compone de imágenes creadas, de conceptos creados; no escatima ningún elemento de la poesía tradicional, salvo que en él dichos elementos son íntegramente inventados, sin preocuparse en absoluto de la realidad ni de la veracidad anteriores al acto de realización». Sin embargo, lo que más interesa de la formulación teórica de Huidobro es su propuesta de poesía universal, y, por tanto, traducible, lo que nos permite comparar esta concepción poética con la defendida por Ezra Pound, quien, al igual que Huidobro, aunaba la aportación teórica con la producción poética: «Si para los poetas creacionistas lo que importa es presentar un hecho nuevo, la poesía creacionista se hace traducible y universal, pues los hechos nuevos permanecen idénticos en todas las lenguas». De todas maneras, es al final de este manifiesto donde Huidobro se ratifica en su idea del poeta como creador -equiparable, por tanto, a Dios-, de ahí que tome las palabras que ya había publicado en Horizon carré: «Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol».
Huidobro, en definitiva, dedicó toda su vida a la literatura, lo que le permitió moverse con soltura dentro de los distintos géneros, aunque bien es verdad que alcanzaría su epicentro creativo durante la gestación y posterior publicación de Altazor, esto es, durante el período que va de 1919 hasta 1931, coincidiendo con los años más brillantes de las diferentes vanguardias, a las cuales contribuyó con su imprescindible Creacionismo, de factura propia, aunque heredero, sobre todo, del Cubismo literario y del Futurismo.
