
El pasado sábado 27 de septiembre de 2025 se cumplieron 204 años de la consumación de la Independencia de México. Muchos celebramos el Grito de Dolores de 1810, pero es importante resaltar que fue hasta 1821 cuando se firmaron en Córdoba, Veracruz, los tratados entre Juan de O’Donojú y Agustín de Iturbide. Sin embargo, fue hasta el 27 de septiembre de ese año que el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México, concluyendo así 300 años de dominación española.
Después de agradecer a la diputada Claudia García su arduo trabajo en temas de agua, la defensa del Cerro de la Reina en Tonalá y su participación en esta columna, les invito a regresar a Temacapulín para compartir la tradición de los juegos de gallos a caballo, precisamente para conmemorar la consumación de la Independencia. Y es que este es uno de los pocos escenarios donde se da esta fiesta tan simbólica, que nos incita a trascender en la culminación de los procesos sociales, políticos, espirituales y de todo tipo.
En el rancho existe una frase para expresar las cosas que se comienzan y se dejan a medias, o que se empiezan bien y terminan mal: “tuviste entrada de caballo fino y acabaste como burro pasmado”. Otra frase popular dice: “…el trabajo es empezar”.
En cuanto a la primera expresión, es muy importante perseverar en los objetivos que se plantean de principio a fin, y por eso celebramos que los héroes que iniciaron las luchas de independencia fueron entregando la estafeta hasta culminar 11 años después. Mujeres y hombres de distintos estratos sociales se fueron articulando hasta lograr sus objetivos.
Quizá al principio no eran muy claras las metas del cura Hidalgo, pero cumplió con su tarea en un momento histórico circunstancial. Después Morelos hizo lo suyo, al igual que Josefa Ortiz, Aldama, Allende, Guerrero, Iturbide y muchos otros, conocidos y anónimos.
Lo cierto es que no se cansaron hasta ondear la bandera de la libertad. Una libertad que nunca ha sido perfecta, pero que ahora nos corresponde tomar como estafeta que nos dejaron nuestros antepasados. Más allá de los colores partidistas, está el reto de la República mexicana: la soberanía.
La segunda frase señala que el trabajo es empezar, pero más trabajo aún es continuar y terminar bien.
Ayer, 29 de septiembre, se conmemoró el Día Nacional del Maíz. Contamos con 64 razas de maíz, una herencia ancestral que tenemos la obligación de cuidar, cultivar, cosechar y, sobre todo, consumir. Muchas veces el productor vende su maíz y termina comiendo tortillas o productos de origen desconocido y de calidad incierta. Lo mismo ocurre con el agua: ¿qué calidad de agua bebemos? El reto es recuperar nuestros maíces apoyando a los campesinos de verdad y no solo con discursos. Y no únicamente el maíz, sino toda la canasta básica, al menos en un porcentaje.

Es urgente avanzar en la soberanía como un proceso utópico que impregne la realidad cotidiana y no quedarnos deslumbrados con eventos aislados. Ciertamente, la presidenta de México acaba de venir a Jalisco a dar su primer informe de gobierno, focalizado en este estado del occidente del país. Pero este acto institucional obliga a todas las dependencias federales, estatales y municipales a trabajar de la mano de los ciudadanos de manera corresponsable.
Claudia Sheinbaum Pardo, en su discurso, planteó el reto de sanear el río Lerma-Santiago, lo que debe incluir toda la cuenca, el río Verde y la laguna de Chapala, entre otras fuentes de agua. Pero cinco años serán poco tiempo sin la participación de todos los actores involucrados.
Por lo pronto, desde la barranca del río Verde, el Comité Salvemos Temaca, Acasico y Palmarejo sigue buscando rutas con la Conagua para la consumación del Plan de Justicia, ya que muchas cosas quedaron mal hechas, otras nunca se realizaron y existen múltiples pendientes. Lo principal, sin embargo, es que no nos inundamos: las seis ventanas de la presa El Zapotillo quedaron bien hechas, pero la lucha continúa.
Llegará el día en que Capilla de Guadalupe será municipio independiente de Tepatitlán, Tesistán se independizará de Zapopan, el río Santiago volverá a tener peces en sus aguas limpias, el SIAPA y la Secretaría de Gestión Integral del Agua dejarán atrás la corrupción, los partidos políticos practicarán la verdadera democracia, el transporte público será digno, habrá mejores servicios médicos y medicinas, desaparecerán las desapariciones forzadas, la educación será accesible para todos, y un largo etcétera que hará que la consumación de la independencia transforme a nuestros pueblos en verdaderos santuarios de vida, justicia y paz.
Gabriel Espinoza Íñiguez




