Lo grande y lo pequeño
Juan M. Negrete
No es tan frecuente que el espectáculo semanal se ocupe tanto de lo alto como de lo bajito al mismo tiempo. En la que vamos cerrando, así ocurrió. Por una parte, en lo pequeño, nos ocupamos de festejar a nuestras madrecitas lo mismo que a nuestros maestros. Haciendo referencia a lo grandote, contemplamos la conclusión de la charlotada de la española Ayuso, ahora popular, como el encuentro entre el mandarín chino, Xi Jinping, y nuestro vecino, Trompas, el presidente gringo.
Se puede objetar esta calificación de lo alto y lo bajo. Lo que nos entretiene con nuestros mentores y nuestras madres son los reales asuntos de calidad; mientras que las tareas de mandatarios y alcaldes visitantes son de poca monta. Viéndola bien, ni deberían incumbirnos. Es cuestión de perspectivas entonces y pongámonos de acuerdo.
Tomando en serio este contrapunto, habrá que establecer coordenadas. Como a nuestras madrecitas las tenemos siempre al lado nuestro, ni siquiera reparamos en su estatura colosal en relación con nuestras vidas. Aparte de que nos hayan cargado nueve meses en su seno, sin proferir la más leve molestia, la carga que les fuimos a lo largo de la infancia y la que, en muchos casos, les seguimos siendo, debería de limpiar lo empañado de nuestros catalejos. Lo propio habría que afirmar para quienes tomamos como modelo para nuestra vida futura: los profes.
Para empezar, habría que decir que muchos de estos mentores son féminas, sobre todo en los niveles iniciales. Tanto en los años parvulitos como en las primarias, las que mantienen el funcionamiento de estos edificios son damas en buen porcentaje. De ahí que muchos las hayamos tomado como una prolongación de la presencia de nuestras madres.
Cuando este redactor acudió por vez primera a la escuela, fue llevado por su mamá, para que no le cogiera el miedo tal vez y aceptara quedarse en dichos espacios. El recuerdo de este cambio de escenario vital fue tal cual lo pintan nuestros viejos refranes: aquí se lo entrego con todo y nalgas, maestra. Y vaya que la docente, a la que terminé también queriendo y admirando, le tomó a mi madre su dicho al pie de la letra.
Era también usual justificar la dureza de los aprendizajes de antaño con la fórmula antigua que rezaba: la letra con sangre entra. Aunque tales prácticas, estrictas y duras, fueron amainando con el paso de los días al grado de que ahora eso de propinar golpes o regaños fuera de lugar conocen hasta figuras punibles y citatorios ante el ministerio público. Hay que decir simplemente que las prácticas autoritarias antiguas han venido siendo desplazadas por otras más amables. Y punto.
El tema de los retratos educativos de nuestros progenitores y mentores entra en comparación de importancia con los acontecimientos que subimos al tablado de las candilejas. Para nuestra mala suerte, tuvimos en días pasados la visita de la señora Isabel Díaz Ayuso, de quien dijeron que es la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid, capital de España. Nos la trajeron nuestros empecinados panistas con el interés, tal vez de levantar, su alicaída presencia electoral. Eso de que el PAN fuera reconocida o tenida como la segunda fuerza electoral al lado del PRI, era una verdad aceptada por medio mundo, aquí y fuera de aquí. Y habrá que tomarla como verdad corriente.
Pero no es lo mismo que, de los 32 estados del país, el PRI controlara veinte y el PAN doce, y que más o menos sostuvieran dicha proporción por años; a que ahora el PAN posea la dirección de cuatro y el PRI el de dos y paremos de contar. Por supuesto que los números cambiaron y lo hicieron en serio. De manera que sigue siendo el PAN la segunda fuerza electoral en nuestro país, pero la correlación de fuerzas es bien distinta a la que se guardaba de una década para atrás.
Así que irse a la península a traer a un figurín (en este caso, figurina), que les empezara a levantar la imagen no era mal expediente. Lo que pasó es que escogieron mal. La señora Ayuso nos mostró en dos o tres patadas que confunde la gimansia con la magnesia y que, para ella, da lo mismo atrás que en ancas. Y paremos de contar, que de esto ya se dijo mucho, demasiado, en los días pasados recientes. Ponerla a ella en el comparativo de tamaños con nuestras amadas madrecitas, aquí sí que sería una verdadera mentada de madre. Le dejamos pues.
El otro evento de marras, merecedor de las candilejas y la atención de todos los foros del mundo, fue el encuentro de los dos mandarines de las economías más pesadas del globo. Hasta hoy se ha tenido a la economía gringa, sin discusión, como la más poderosa del globo a partir del final de la segunda guerra mundial. De 1945 al 1990 mantuvo tensión con lo que se conocía como el bloque del este. Tal conjunto de repúblicas practicaba o se atenía al modelo socialista, en tanto que el músculo occidental se definió siempre como capitalista, aunque se autocalificara también como mundo libre.
La tensión entre ambos bloques se conoció como el de la ‘guerra fría’. Pero con la disolución de la URSS en el año de 1991, el foco de la economía mundial pasó a manos de los gringos y se le identificó desde entonces como unilateralismo. Para últimas fechas todo se nos ha puesto patas para arriba y ahora tuvieron que celebrar un encuentro de alto nivel los chinos con los gringos, para ponerse de acuerdo en el control de la economía mundial.
Lo novedoso vino a ser hoy el hecho de que los gringos se vieron medrosos y tímidos ante sus pares chinos. ¿Pares? El discurso mundial es que los USA pasan a segundo plano y toman la estafeta los impolutos chinos. Vaya que es un espectáculo de marras. Habrá que seguirlo escarbando en corto.
