Pudo ser una mera coincidencia, pero morir así, de un infarto sin aparentes antecedentes cardiacos, lo que le ocurrió el domingo 18 a Héctor Beltrán Leyva, ‘El H’, en el penal de máxima seguridad del Altiplano (antes Almoloya), se presta a sospechas y especulaciones, mientras en Nueva York se le sigue proceso a Joaquín Guzmán Loera, ‘El Chapo’, antiguo correligionario y hasta ese día enemigos.

La tarde noche del pasado domingo escribí, tanto en Twitter como Facebook, que “la súbita muerte de ‘El H’ a causa de un infarto deja muchas interrogantes”. También dije  que “el repentino fallecimiento pudo haber dejado trunco algún testimonio sobre la vida y obra de ‘El Chapo’ y que el recién muerto pudo, además, ser “convocado a declarar en el proceso que se le sigue en Nueva York” al mencionado narcotraficante.

No obstante, las dudas persistirán hasta que la necropsia al cadáver del recién fallecido Beltrán Leyva confirme o desmienta hipótesis y sospechas de si a alguien le podrían haber ayudado o haberle perjudicado la ahora imposible develación de secretos frente a los juzgadores.

Son simples deducciones, o asociación de ideas, que puede hacer cualquier persona conociendo un mínimo de antecedentes de estos dos personajes y sacar conclusiones de lo que habría ocurrido, toda vez que uno y otro personaje se sabían muy bien sus secretos y pactos rotos desde hace diez años, cuando Alfredo Beltrán Leyva, ‘El Mochomo’, hermano del infartado, fue detenido por supuestodedo que le puso El Chapo.

Enemigos acérrimos de ‘El Chapo’ desde que se sintieron traicionados por éste y rompieron con el Cártel de Sinaloa para formar el propio, los hermanos Arturo (muerto por la Marina en Cuernavaca en 2009), Alfredo, ‘El Mochomo’ extraditado a Estados Unidos después de su detención y Héctor ‘El H’, el mayor de los dos anteriores, podrían estar en la lista de los testigos que irían a declarar en contra del dos veces fugitivo narcotraficante. De esa familia únicamente quedaría ‘El Mochomo’ y podría ser presentado en la Corte neoyorkina, aunque para nada lo haría de manera gratuita, pues pudiera obtener, además de una especie de reivindicación, una posible rebaja de sentencia.

Lo que sucede en los testimonios que han brindado otros presuntos testigos, protegidos o no, como el hermano de ‘El Mayo’ Zambada, Jesús ‘Rey’ Zambada, es que no todo trato,  contrato o secreto es para siempre.

Así se involucren los más grandes secretos, los pactos, los tratos y los contratos; las mayores ganancias, las más grandes amistades y, no se diga, las cuestiones de prisión o libertad, de vida o de muerte en el crimen organizado, a la hora de la hora se rompen o se traicionan porque lo que le importa a cada cual es salvar su propio pellejo.

Debe llegar el momento, seguramente, en que nadie cree en nadie más que en su propio ser, y sálvese quien pueda.

Como quiera, el juicio de Nueva York a uno de los supuestos capo de capos nos deja la gran lección de que el narcotráfico, con todas sus implicaciones, que van desde el fomento de la adicción hasta la corrupción en todos los niveles, la desaparición forzada de personas y el derramamiento de tanta sangre y la impunidad rampante, deben de tener un hasta aquí.

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