El Rincón de Clío

Criterios

 

La creciente migración de centroamericanos hacia Estados Unidos a través de México se está desbordando. Las condiciones de violencia sin adjetivos que continúan expulsando a las personas de los países del triángulo del norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), lejos de reducirse, se incrementan día a día. Las autoridades de aquellos países han alcanzado su nivel de incompetencia para hacer lo necesario para garantizar las condiciones mínimas que permitan a sus ciudadanos permanecer en donde nacieron.

Es ahí donde comienza el hilo trágico de la migración centroamericana. A la urgencia que los envuelve en sus comunidades expulsoras le sigue la rudeza de la frontera vertical mexicana.

Nuestra frontera sur, porosa por definición, muestra vicios de haber sido superada. Las autoridades se miran rebasadas en sus capacidades. Ni siquiera pueden garantizar el registro de quienes ingresan a nuestro país. La frontera norte se encuentra a un punto de colapsar. El número creciente de personas migrantes que alcanzan el límite con Estados Unidos complica sobre manera el accionar de los gobiernos locales fronterizos, quienes con su presupuesto municipal deben atender las demandas de miles de migrantes apostados en sus localidades, unos procedentes del sur y otros más retornando del norte luego de solicitar asilo en la Unión Americana.

Del lado estadunidense las condiciones también empeoran. Este miércoles en El Paso, Texas, Kevin McAleenan, Comisionado del Buró de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), aseguró que su frontera sur está a punto de quebrarse debido al imparable flujo de migrantes centroamericanos, y que han rebasado en 400% la capacidad de las estaciones migratorias en El Paso (La Opinión, 27 de marzo de 2019).

Las cifras se tornan alarmantes: la semana que concluye fueron detenidos poco más de 4 mil personas migrantes centroamericanas en su intento de cruzar a Estados Unidos. En marzo podrían llegar a 100 mil, mientras en febrero se registraron 76 mil, y en marzo del año pasado fueron 56 mil. Si esto continúa, podríamos llegar a tener a finales de 2019 cerca de 900 mil migrantes cruzando hacia Estados Unidos. Esta situación terminará por colapsar en México.

Recordemos que esta semana, el Departamento de Defensa anunció que destinará mil millones de dólares para construir 90 kilómetros de muro en los sectores fronterizas de Yuma, Arizona, y El Paso, y que el presidente, Donald Trump amenazó nuevamente con cerrar la “maldita” frontera.

Por otro lado, el perfil del flujo migratorio ha comenzado a cambiar. De movilizarse casi en su mayoría hombres solos, hoy miramos familias enteras recorriendo nuestro país dándole forma a las caravanas migrantes.

En este contexto, se reunieron en Miami la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y aunque no hubo mucha información al respecto, inmediatamente después la encargada de la política interior de México, anunció un plan para contener la migración en el Istmo de Tehuantepec con la participación de policías federales, asimismo, confirmó que se suspenderá la emisión masiva de visas humanitarias. Todo ello, al tiempo que en Honduras se prepara la llamada caravana madre en la que podrían participar más de 20 mil personas.

A no dudar, 2019 será un año difícil para las personas migrantes: por un lado, empequeñecen las oportunidades para permanecer en sus comunidades; y por otro, México y Estados Unidos no encuentran la manera de humanizar ni el trayecto, ni el arribo de los miles de exiliados económicos de Centroamericanos.

 

 

@contodoytriques

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