Son casi dos meses de la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca y solo algunas cosas han cambiado en el tema migratorio con respecto al mandato de Donald Trump. Más allá de la cascada de disposiciones firmadas y propuestas lanzadas desde la Oficina Oval, en la cotidianidad de miles de personas migrantes que buscan un lugar donde vivir, se experimentan pocos cambios. En todo caso, lo que se ha incrementado es la confusión y las falsas expectativas de poder ingresar a Estados Unidos una vez que Biden ha suavizados algunas disposiciones con respecto al gobierno anterior. Como resultado de ello, a partir de enero comenzó a incrementarse el flujo de personas “indocumentadas” procedentes del Triángulo del Norte centroamericano y de nuestro país con rumbo a la Unión Americana.

En el caso de los menores de edad no acompañados la cifra se ha triplicado. Según un reporte del The New York Times, en los últimos quince días se han contabilizado más de 3 mil 250 menores detenidos, y de ellos, al menos mil 360 han sido retenidos más allá de las 72 horas permitidas por la ley antes de ser trasladados a un refugio. Las detenciones en la frontera entre Estados Unidos y México del mes pasado alcanzaron niveles no vistos desde mediados de 2019, y fueron las más altas para ese mes en 15 años.

En enero, por ejemplo, se localizaron más de 5 mil 800 niños no acompañados en la frontera, lo que representó un aumento de más de un millar de menores desde octubre de 2020. Otro problema es que en estos momentos se están utilizando instalaciones migratorias que fueron construidas para adultos, y los menores están expuestos a enfermedades, hambre y hacinamiento, concluyó el rotativo de la Gran Manzana.

No olvidemos que la ley migratoria estadunidense obliga al gobierno federal a trasladar a los menores migrantes no acompañados que son detenidos en la frontera, antes de transcurrir tres días de su aprehensión, a los refugios administrados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, donde los mantienen hasta que son entregados a un familiar que resida de manera legal en Estados Unidos o bien, deben encontrarles un espacio adecuado para ellos, pero jamás pueden ser deportados a su país de origen, a menos que sean mexicanos.

Sea como sea, por las expectativas creadas con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, o por las difíciles condiciones de vida que experimentan en sus lugares de origen ─o como estrategia familiar para conseguirles un mejor lugar para vivir─, los menores migrantes no acompañados siguen llegando a la frontera sur de Estados Unidos con la esperanza de encontrar un futuro que han perdido en sus terruños.

 

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