La agitada vida de las normales rurales / III (y último)

Juan M. Negrete

Bajo el régimen de Ruiz Cortines (1952 – 1958) el número de normales rurales había descendido. Apenas se contaban catorce en el país. Habrá un cambio cuantitativo con López Mateos (1958 – 1964). La tendencia descendente se frenó y se revirtió. En 1962 se registra ya la presencia de 29 planteles. 16 pertenecían al calendario ‘tipo A’; 13 al ‘tipo B’. Las ‘A’ iniciaban sus cursos en enero y concluían su anualidad en noviembre. Las ‘B’ arrancaban sus trabajos en septiembre y los concluían en junio del año siguiente.

Las 16 ‘tipo A’ eran: Champusco, Teteles y Zaragoza, en Puebla; El Mexe, en Hidalgo; La Huerta y Tiripetío, en Michoacán; Mactzumactzá, en Chiapas; Perote, en Veracruz; Palmira, en Morelos; Panotla y Xocoyucan, en Tlaxcala; Reyes Mantecón y Tamazulapan, en Oaxaca; El Roque, en Guanajuato; Aguilera, en Durango; Tenería, en el Estado de México. Las 13 ‘tipo B’ eran: Atequiza, en Jalisco; Ayotzinapa, en Guerrero; Cañada Honda, en Aguascalientes; El Quinto, en Sonora; Galeana, en Nuevo León; Hecelchakán, en Campeche; Jalisco, en Nayarit; Saucillo y Salaices, en Chihuahua; San Diego Tekax, en Yucatán; San Marcos, en Zacatecas; Santa Teresa, en Coahuila, y Tamatán, en Tamaulipas.

La raíz neta de los problemas que enfrentaban estas escuelas, desde los controles sindicales y para el propio gobierno federal, era la presencia de la organización de estudiantes campesinos socialistas, la FECSM. Esta defendía las concesiones obtenidas en el período cardenista pero el gobierno se negaba persistentemente a cumplirles. Al contrario, desde éste se buscaba eliminar la influencia estudiantil, combativa e inquebrantable. Mas ésta, en lugar de reducirse, crecía. Para 1963 estaban integrados a la FECSM los 29 comités estudiantiles de las rurales y algunos más de las urbanas.

Desde el gobierno federal se intentó crear otra organización para confrontarla. En 1966 impulsaron el nacimiento de la Federación Nacional de Normales Urbanas (FNMU). Propendían sumar bajo sus siglas a todas las escuelas normales. Los esquiroles convocaron a un congreso nacional del 3 al 5 de julio de 1967. Participaría la SEP. Fueron invitados los directores de las normales rurales. De ahí saldría el acuerdo nacional para desaparecerlas, eliminando los internados y las becas, mecanismo clave de su sostén. La FECSM se movilizó, impidió la celebración del congreso y marró el golpe.

En los medios también se desató la campaña de odio. Todos los frentes políticos abrieron fuego en contra de ellas. Hasta la Confederación de Jóvenes Mexicanos (CJM), antigua aliada de la FECSM, pedía su desaparición, según se lee en un desplegado que publicó en el Universal el 14 de marzo de 1968. Como era de esperarse, en el movimiento estudiantil del 68 La FECSM participó activa. Su incorporación y presencia está debidamente detallada en las bitácoras de la época. La sangrienta represión de este capítulo obligó a los normalistas a plegar sus banderas y a regresar a sus demandas y luchas particulares.

Empero, el 19 de noviembre de 1968, las normales rurales ‘tipo A’ amarecieron cerradas y sus puertas selladas. Los estudiantes se encontraron con la novedad de que, al retorno de sus vacaciones, el mobiliario había sido extraído y que no podían ingresar. La de Ayotzinapa y la de Cañada Honda amanecieron sitiadas por el ejército. Se registró la amenaza persistente de que la de Jalisco, Nayarit también sería tomada. Se mantenía sobre ella una vigilancia constante y la presencia de dos carros de la 13ª zona militar.

Las restantes catorce escuelas abiertas se lanzaron a la huelga y lograron la reapertura de las cerradas. El nuevo intento de disolverlas en azufre le volvió a fallar al gobierno. Díaz Ordaz cambió de estrategia. En 1969, aprovechando las vacaciones, trece de las normales rurales fueron convertidas en secundarias técnicas agropecuarias. Los normalistas de las restantes escuelas, ya con experiencia de lucha, convocaron a la huelga. Ahora toparon con papeles cambiados. En la ocupación ya no participó sólo el ejército. La fuerza de choque incluía a policías locales, a la DFS, al servicio secreto y hasta a la CNC. Hubo contingentes, en algunos lugares, de hasta 200 campesinos afiliados al PRI dispuestos a enfrentar a los muchachos a mano armada.

Al final de esta feroz batida, la FECSM agrupaba ya sólo quince normales rurales: Cañada Honda, Aguascalientes; Panotla, Tlaxcala; Saucillo, Chihuahua; Tamazulapan, Oaxaca; Teteles, Puebla; Atequiza, Jalisco; El Mexe, Hidalgo; El Quinto, Sonora; Hecelchakán, Campeche; Mactumactzá, Chiapas; San Marcos, Zacatecas; Aguilera, Durango; Tiripetío, Michoacán; Tenería, Estado de México, y Ayotzinapa, Guerrero. En el sexenio de Luis Echeverría se crearía una escuela normal rural más, gracias a la presión de los estudiantes y de algunas comunidades campesinas de Morelos: la de Amilcingo. A finales de los noventas los purépechas de Michoacán lograron que se abriera la Escuela Normal Indígena. En 2003 se le suspendió el nuevo ingreso a la escuela de El Mexe, Hidalgo, y en 2007 Calderón implementó su desaparición.

Tras el aciago período de Díaz Ordaz, los números de crecimiento exponencial en el ámbito educativo, siguieron a la alza a pesar de todo. Pero los registros del renglón de las normales rurales, arroja en sus índices que su número regresó a los habidos en el sexenio de Ruiz Cortines. Sobreviven gracias a la movilización que realizan año con año para que la autoridad educativa publique sus convocatorias de nuevo ingreso y para que les mantenga el internado. También exigen el incremento del monto de sus becas alimenticias y que les mejoren las condiciones materiales para que sus escuelitas puedan funcionar decentemente. De todo este batallar que no cesa, la escuela de Ayotzinapa merece mención aparte. Nos ocuparemos en particular de ella en las próximas entregas.

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