Felipe Cobián Rosales

 

09 de septiembre de 2022.- Hoy por hoy, Andrés Manuel López Obrador lleva las de ganar de todas todas debido a una alianza de oposición dividida, sin rumbo ni liderazgos fuertes e inteligentes, y menos cuando uno de ellos, Alito Moreno que, para salvarse de la tatema, vendió su pobrísima y exhibida herencia de corrupción al poder omnímodo.

 

Bien supo AMLO por dónde partir a Va por México que integran PRI, PAN Y PRD. Envió a sus alfiles y fácilmente pegaron en el blanco al negociar con el presidente del primero, el diputado Alejandro Moreno, la entrega suficiente de votos de sus legisladores para asegurar los votos suficientes y aprobar que la Guardia Nacional (GN) -de mando civil, aunque muchos de ellos son soldados actualmente-, se militarice todavía más al pasar a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

 

El presidente del PRI se dobló fácilmente por la amenaza del desafuero en su contra por actos de corrupción cuando fue gobernador de Campeche. Y ese acto implicaba para el susodicho, el riesgo inminente de parar en la cárcel. Antes, la gobernadora campechana, Layda Sansores se encargó de difundir algunas de las supuestas o reales fechorías de su antecesor.

 

En un guiño al Presidente, Alito no únicamente aceptó doblegarse y votar por la iniciativa amlista, sino que ordenó a una de sus diputadas que presentara la iniciativa para que la GN permanezca en el seno de Sedena hasta 2028. Coincidentemente -qué casualidad-, Layda suspendió las transmisiones de su show de amagos, “La hora del jaguar”.

 

La respuesta de los dirigentes aliancistas de Acción Nacional y PRD, fue un amago de dejar fuera de la coalición para las elecciones federales de 2024 a Alejandro Moreno.

 

E priista reviró en su conferencia de prensa del miércoles 7 interpretando la urgencia de la sociedad por mayor seguridad, y hasta pareció moverles el tapete a los aliancistas, al decir habilidoso en su propia defensa, que, si bien tienen “un proyecto conjunto, no quiere decir que coincidamos en todo. Esto (lo de la GN adjunta a la Defensa) es por México, por la gente. ¿Con quién están, con los intereses de partido o con el interés supremo del pueblo de México?

 

Luego expresó, para calmar los ánimos del poco inteligente presidente panista Markos Cortés y del perredista Jesús Zambrano, que no se está firmando un cheque en blanco con el gobierno y que tampoco le está haciendo su chamba. “La estrategia de seguridad falló y es un fracaso, pero la Guardia Nacional no está lista todavía para garantizar la seguridad en las calles.

 

Y ni modo que le respondieran -en particular Marko- que estaba equivocado en sus apreciaciones, si precisamente fue Felipe Calderón quien “sacudió el avispero” y sin ton ni son, sin estrategia, sin servicio de inteligencia por delante -como lo señalé en su momento en mi columna Partidero de Proceso Jalisco-, envió a los militares a la guerra que ocasionó tantos enfrentamientos y muertos.

 

En otras palabras, pareció decirles, sobre todo para doblar al primero que terminó suspendiendo sólo temporalmente el corte con el tricolor, que la militarización de Calderón, después de todo, no estuvo tan mal y que Peña Nieto y el mismo López Obrador, quien tanto lo criticó por la militarización de la lucha contra el narcotráfico y por dejar al Ejército en la vía pública.

Al menos, eso es lo que parece interpretarse finalmente de parte del priista que lo que busca en realidad, es salvarse así mismo del desafuero y la prisión, como lo señalábamos antes.

 

Sin embargo, si en lo que resta del sexenio, no cambia la estrategia para garantizar la paz y la seguridad ciudadana y las cosas siguen igual, o empeoran, entonces la apuesta por la militarización amlista con todo y ley reformada, podría revertírsele al gobierno, al propio Presidente en las siguientes elecciones.

 

Aunque cabe una pregunta: ¿Tendremos INE para entonces para que se mantenga la confianza en la emisión del voto y, en obviedad, la garantía del orden? No quiero pensar siquiera que sea por eso que el primer mandatario se haya obstinado en debilitarlo, en imponer gente incondicional a él y que hasta el delirio busque convertirlo en una dependencia suya, presidencialista, centralista como hasta antes de este siglo.

 

¿No será por eso que tan cerca de él está el intocable Manuel Bartlett Díaz, exsecretario de Gobernación, el mismo que provocó la caída del sistema electoral cuando todo evidenciaba el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas aquel primer domingo de julio de 1988 e impuso el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, el mismo padre del neoliberalismo mexicano?

 

Entonces, podremos pensar que, en caso dado, las cuestiones electorales estarían en riesgo. Nadie queremos que se caiga en la inestabilidad, en el desorden, en la ingobernabilidad y menos en la suspensión de garantías.

 

En ese momento sí que lamentaríamos esa militarización que hoy tenemos en todos lados: lo mismo en las obras públicas federales que en los puertos, aeropuertos y aduanas. Igual en las calles.

 

¿Qué tal si en esa continuada militarización subyacen otros propósitos? ¡Librenos Dios!

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