Eduardo González Velázquez

Siempre he pensado que el sistema político mexicano,desde la fundación del Partido Nacional Revolucionario en 1929, antecesor del Partido de la Revolución Mexicana, hasta llegar al Revolucionario Institucional y hasta nuestros días morenos y naranjas, es un sistema priista. En la forma y fondoEn el origen y destino. En los dichos y las hechuras de mujeres y hombres que lo conforman. En la manera que tiene de aprender y aprehender la realidad. En el modo de concebir la democracia. En la verticalidad y opacidad en la toma de decisiones. En la cerrazón frente a las voces ciudadanas ajenas a su esfera de dominio. En las estrategias para repartir el poder y oxigenar las andanzas de su clase política para evitar su extinción y asegurar su reproducción. En el uso y abuso patrimonialista del presupuesto utilizado para comprar conciencias y lealtades. En las formas y estrategias para hacerse del control partidista, sin importar si está afiliados o no al partido gobernante. En la conjugación a pie juntillas de la máxima en nuestra política: “sí, señor presidente”, materializada a todos los niveles de gobierno y en todas las decisiones dispuestas desde la cúpula del poder.

Discursos van, discursos vienen; se cambian las prácticas, pero no su esencia, y al final del jornal la realidad nos recuerda la sangre tricolor que corre por las venas de la clase política mexicana, aunque también por amplios sectores de la sociedad civil y organismos empresariales. Desde el nivel más pequeño de organización en México, afloran los hábitos priistas enquistados en la dinámica nacional.Muchos son los discursos que escuchamos en contra de ello, pero muchas más las prácticas que perpetúan esas características.

Quienes duden de las afirmaciones arriba planteadas pueden tomar como botón de muestra dentro del gran cajón de sastre emecista, el madruguete legislativo ordenado desde Casa Jalisco para desaparecer el Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM)Así, en un santiamén el pleno del Congreso del Estado aprobó la extinción del IJM, y conformó la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres. El final de la jornada “democrática” estaba cantado, como en los “viejos” tiempos de la aplanadora priista18 legisladores del bloque conformado por los partidos Morena, Acción Nacional (PAN) y PRI abandonaron el recinto; al tiempo que los 20 diputados de las bancadas de MC, Partido de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Verde Ecologista (PVEM) permanecieron en sus lugares y votaban a favor de la orden del gobernador que daba por cerrada la historia que el IJM inició en diciembre de 2001, con el telón de fondo del rechazo y la gritería de varios colectivos que evidentemente no fueron escuchados (El Informador, 30 de enero de 2019).

El albazo legislativo, se significa como una de las máximas prácticas priistas en nuestro país. El gobernador de la “refundación”, Enrique Alfaro y sus “aliados” en el Congreso local, nos recordarona querer o no, que el sistema político mexicano continúa siendo priista.

@contodoytriques

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