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Reflexiones frente a la caravana migrante

Reflexiones frente a la caravana migrante

1.- La caravana de personas migrantes procedentes de Honduras con rumbo a la Unión Americana a través de nuestro país es un momento más en la larga historia de la migración Centroamérica-México-Estados Unidos. Si bien, el actual escenario es harto complejo, por sí mismo, no representa una etapa independiente en la historia migratoria, sino que corresponde al último momento en el cual se ha intensificado el éxodo de centroamericanos hacia nuestro vecino del norte.

2.- En los últimos ciento cincuenta años el patrón migratorio centroamericano ha presentado cuatro etapas evolutivas. El primero corre de la segunda mitad del siglo XIX hasta los años setenta del siglo pasado; ese momento se caracterizó por flujos y reflujos temporales de indígenas y campesinos en busca de empleo en la frontera sur de nuestro país. Esta movilidad se asoció a la formación de mercados de trabajo regionales asalariados y semiasalariados. La segunda etapa, va de finales de los años setenta hasta el término de la década de los años ochenta. El contexto en el que se desarrolló fue más violento, aumentaron los flujos y se diversificó la temporalidad de las estadías en Estados Unidos; asimismo, se redefinieron rutas, destinos y zonas de expulsión, creándose zonas de refugio en México, Estados Unidos y Canadá. Entre un millón y millón y medio de centroamericanos migraron a otros países y un millón más se desplazó en el interior de sus naciones. Se calcula que a partir de 1980 la migración centroamericana creció a una tasa anual del 9%. Este es el periodo en el cual el gobierno mexicano amplió los requisitos legales que debían cubrir los centroamericanos para ingresar a nuestro país. La tercera etapa comienza a fines de los años ochenta, luego de una cierta estabilización en los gobiernos centroamericanos. La cuarta fase se da a partir del año 2000, donde identificamos una mayor violencia contra las personas migrantes en sus mismas comunidades de origen en el contexto de la violencia callejera y, desde luego, a su paso por México. La caravana de hondureños se inscribe en este periodo de urgencia multidimensional en la que sobreviven millones de centroamericanos quienes miran como su única tabla de salvación jugarse la vida en su camino a Estados Unidos.

3.- Frente a la llegada de miles de centroamericanos urge que el “gobierno” de Enrique Peña Nieto otorgue las condiciones necesarias para que las personas migrantes atraviesen nuestro país con seguridad y dignidad. Ya que México se ha negado a formar parte del tratado CA-4 (Centroamérica 4, que incluye a Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua quienes forman un territorio de libre circulación para los ciudadanos), al menos debería de permitir que la caravana migrante llegue hasta nuestra frontera norte.

4.- Cuando asistimos a las escenas de desesperación de las personas migrantes amotinándose en la frontera de Chiapas queriendo ingresar a nuestro país, necesariamente debemos recordar que si México formara parte del CA-4 eso no estaría sucediendo. Sin dejar de reconocer que la primera responsabilidad de evitar el éxodo de personas recae en las naciones centroamericanas.

5.- Resulta lamentable que el “gobierno” de la República se doble frente a la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump y comience a utilizar la fuerza pública para detener a los hondureños, quienes ni siquiera pretenden permanecer en México, sino internarse en la Unión Americana.

6.- Si bien, ha habido muestras de apoyo y solidaridad ciudadana para con las personas migrantes, no podemos negar que también se han presentado muestras evidentes de rechazo y racismo contra los centroamericanos. México, no debe olvidar las prácticas que nos han caracterizado como una nación dispuesta a lo largo de la historia del siglo XX a recibir amplios grupos de refugiados que se han visto obligados a salir de sus países. Esa política de asilo no debe ser supeditada a los intereses de la Casa Blanca.

7.- Si nuestro país realmente está comprometido con el respeto a los derechos humanos de las personas migrantes, no deberá poner ningún tipo de obstáculo para que los siete mil hondureños y otros tantos de El Salvador y Guatemala puedan cumplir su sueño de llegar a Estados Unidos. Lejos de debilitar nuestra soberanía y seguridad, una actitud solidaria con los migrantes, nos daría mayor fortaleza, dignidad y altura de miras frente a un fenómeno que no solo se presenta en los países de Centroamérica, sino que forma parte de nuestra propia historia.

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