Se acaba el circo electorero

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Se acaba el circo electorero

Juan M. Negrete

¡Por fin! El día de mañana, 2 de junio, concurriremos los ciudadanos a la casilla que nos toque y en la o las urnas correspondientes depositaremos las boletas de nuestro voto, debidamente cruzadas en la opción que hayamos decidido. Se supone que no le íbamos a dedicar más de tres meses a semejante danza electorera sin conchinchi. Pero como los mexicanos somos muy dados al doble sentido, a las verdades a medias, al discurso transferido y proyectado, pues resulta que le hallamos a la mandarina más gajos de los que tiene. Por un lado, tenemos períodos de precampañas. Pero no contentos con eso, antes les damos más juego temporal a estos equipos de competencia a las que conocemos como elecciones internas o como se les diga.

De manera que, si contabilizamos los días en los que la atención mediática se retrotrae de sus ocupaciones cotidianas, que son los chismes de la vecindad más cercana, y se enfoca al asunto de la sustitución de los puestos de decisión, fácil nos aventamos un año o más en tales refritos. A veces, los que se trepan a estos escenarios nos regalan paradas de regular calidad. Pero lo más son bodrios insufribles y que tenemos que digerir hasta sin líquidos, que les hagan resbalar por la tráquea colectiva.

Al ver de muchos paisanos, las jornadas que están por cerrar su cortinero tuvieron tintes de ópera bufa y culebrones que no desquitaron el tiempo delicado. Tómese el auto que sea, pues pareciera que no hubo mucha diferenciación en tantos desfiguros.

A la carpa del partido en el poder, donde traban sus borucas tanto Morena como el PT y el Verde, hubo una preselección entre seis monitos. Como dijeron que se iba a resolver el sainete por la medición de las encuestas, podían haberse ahorrado los recorridos por la campiña nacional. Pero hicieron el tránsito y se dieron a conocer, quién más, quién menos.  Al final nos dijeron que los momios de las encuestas favorecieron a doña Claudia Sheinbaum y ella ocupó la candidatura que luego se tornó oficial, como bien lo sabemos.

Pero no se fue limpia. El bueno del carnal Marcelo Ebrard se inconformó con el resultado final y hasta exigió que los órganos internos de su partido recontaran las encuestas y revocaran el veredicto. Guardó él, y un buen bloque de sus seguidores, la definición de su participación al lado de la ganadora. Y hasta pareció que emigraría a las siglas de otro partido. El instituto agraciado parecía que sería el MC. Al final el MC sacó candidato propio y a Marcelo no le quedó otra que sumarse, con todo y berrinche, al tropel de apoyo que ya traía desatado doña Claudia. Fue su mejor decisión, pues todo indica que la señora va a arrasar y así el carnal no se quedará fuera de la jugada.

El otro sainete, así como de entremés, nos vino con los muchachitos fosfo fosfo. Primero salió el ruido mediático de que su candidato sería el gobernador de Nuevo León, un tal Samuelito García. Pero luego su congreso local metió su cuchara y le abrió un expediente que ya traían bajo el brazo y le descompusieron el cuadro. El chamaquito prefirió dar marcha atrás y se amarró de nuevo en su puesto de gobernador. Tuvo que salirle a la carpa de la candidatura un nuevo actor: Jorge Álvarez Máynez.

Como se califica siempre de un desconocido, a Máynez lo conocían en su casa y a la hora de comer. Aunque el angelito ha jugado varias veces en las canchas legislativas y, a la hora de los coscorrones, nos demostró que no es un desconocedor de las partidas, de todas formas, sus momios apuntan a que no rebasará un dígito de la votación. Un porcentaje más alto nos representaría a todos una verdadera sorpresa. Ya lo veremos mañana.

Pero la que se llevó las palmas de las chungas y los desfiguros fue la plantilla de la alianza de los partidos que ya han estado por muchos años en el poder, que lo perdieron en el 2018 y que no se resignan a saberse desplazados y hasta indeseados. Le armaron muchas tretas tramposas a su rejuego, con el afán de hacerlo aparecer como ordenado, atractivo y evaluable. Pero como que nada les salió de ninguno de sus enjuagues.

Lo más notorio de sus embustes fueron dos pasos casi de escándalo. El primero, que proclamaron a todos los vientos, al decir que su candidata (o) saldría de un proceso electoral interno. Al final de su cochupo quedaban sólo Beatriz Paredes del PRI y Xóchitl Gálvez del PAN. Pues sentaron vergonzosamente a doña Beatriz y el dedazo favoreció a la señora de las gelatinas. Ésta es su candidata y es la que aparece contendiendo en la boleta. Hubo muchas voces, al principio, que insistieron en que tragáramos la rueda de molino de que la candidatura gelatinosa había sido producto de unas elecciones. Pero como era tan evidente la mentira, mandaron a callar a sus mariachis mediáticos, que son muchos.

El otro embuste fue peor. Siendo doña Xóchitl candidata del PRIANRD, insistía en presentarse como candidata ciudadana. Eso molestó tanto al grueso de la opinión pública, lo mismo que a muchos militantes de los partidos que le dieron sus siglas del apoyo para el registro. Al final hasta la obligaron a reconocerse afiliada del PAN y apoyada por el PRI. Pero apostrofada ya quedó. Se supone que tal afrenta le será cobrada mañana a la hora del sufragio. Pero ya veremos cómo terminan las partidas. La moneda está en el aire.

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