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Se había tardado tan lamentable tragedia

Se había tardado tan lamentable tragedia

Partidiario

Criterios

En repetidas ocasiones, y desde hace varios años, hemos visto fotografías y videos en donde se aprecia a decenas, y tal vez centenares de personas despachándose gasolina sin precaución alguna en las tomas clandestinas de los ductos que la conducen.

En otras y gráficas y videos, algunos tomados en lugares de huachicoleo en las cercanías de Guadalajara, en los municipios de Tlajomulco de Zúñiga, en donde en varias ocasiones han tenido que ser desalojadas cientos de personas, o bien en Tala, o Zapotlanejo, se han visto chorros de combustible que suben entre 15 y 20 metros de alto debido a la presión con que los ductos transportan los hidrocarburos, esencialmente gasolina.

Ocasionalmente algunas de esas fugas ocasionadas por descontrol de quienes se dedican a extraer el combustible, se han visto arder.

No obstante, de entre los más recientes videos que observé en las últimas semanas, dos me llamaron poderosamente la atención: el primero es el de un largo arroyuelo, entre verde y azul, que corre sin control en algún lugar de entre las miles de “ordeñas” que las autoridades han descubierto en las distintas entidades del país.

Luego se ve a decenas de personas que, sin muchas precauciones, recogen el combustible en envases de todo tipo que luego su contenido es transferido a distintos contenedores. A decir de la narradora, se trata de una toma clandestina en San Martín Tezmelucan, Puebla.

El video que más me llamó la atención, fue el segundo. De un charco o estanque, aparentemente natural, de azul turquesa intenso situado entre dos barrancos de unos cinco metros de profundidad, decenas de personas extraen gasolina en cubetas que lanzan desde lo alto atadas a sogas. En otra parte, una interminable fila desciende por una vereda hasta alcanzar el carburante. De la parte de enfrente, otros concurrentes más hacen lo propio: bajan con sus cubetas, las llenan y conducen el líquido a bidones o a recipientes de mayor capacidad.

Es un ir y venir de gentes que bajan y suben con el hidrocarburo como si se tratara de agua, sin necesidad de protocolos o cuidados mínimos.

A la distancia se observan distintos vehículos.

Entre tanta gente ven varios uniformadas con trajes anaranjados y cascos, no identificados que, casi al final del video, les ordenan dejar el lugar: “Vámonos, vámonos”, les dicen; como si se tratara de quienes les dieron la oportunidad a pobladores cercanos de proveerse del combustible sólo durante un determinado tiempo. Hasta da la impresión de que luego vendrían otros, tal vez los “concesionarios”, a hacer los propio.

Por fortuna, nada grave ocurre en el transcurso de esa filmación. El largo estanque permanece en su nivel pese al numeroso personal que le extrajo el codiciado líquido. Es una toma clandestina en un lugar del centro del país. No se indica de qué lugar se trata.

Así, durante años, se  ha visto escurrir el huachicol del Golfo al Pacífico, sin que se molestara mayormente a los responsables. Muy pocos han sido aprehendidos por este robo descarado. Siempre que policías o militares arribaban a uno de estos lugares fuera de control, nunca encontraban a los culpables.

Ahora, la fuga de gasolina la tarde del viernes 19, que primero salía a borbotones y luego se disparó a grandes chorros provocados a golpe de pico en San Primitivo Tlahuelilpan, Hidalgo, cientos de personas se arremolinaban en su entorno para llenar cuanto enser doméstico tenían a la mano.

Para entonces, los gases de la gasolina se habían expandido ya muchos kilómetros a la redonda, hasta que una chispa mínima,-bien pudo ser incluso hasta la de una llamada telefónica, entrante o saliente, de algún celular-,ocasionó la explosión y luego la tragedia que, al cierre esta columna sumaba ya 73 fallecidos y 74 heridos de distinta gravedad.

No faltó quién criticara el repliegue de los elementos del Ejército que se encontraban cerca del lugar, aparentemente sin haber intervenido para evitar lo ocurrido.

Sin embargo, con el antecedente de que poco antes habitantes del lugar habían retenido a tres militares, éstos optaron por la prudencia, aunque no faltó una voz, que se escucha en una de las grabaciones, conminara a los presentes a retirarse ante la inminencia de un estallido. Pocos, muy pocos hicieron caso. A los más les había ganado la avaricia por siquiera un litro de gasolina.

Este doloroso transe no es sino la más grave advertencia de lo que le puede ocurrir a quien se juega la vida –bien por necesidad, o bien por esa simple avaricia-manejando uno de los más letales hidrocarburos cuando no se hace adecuadamente.

Pero uno y todos nos preguntamos: ¿Qué nunca nadie les dijo en su vida del riesgo? ¿A tal grado llega la necesidad, la marginalidad, el hambre, la ignorancia… o es simplemente el desafío y la temeridad?

¿En qué país vivimos cuando el gobernador hidalguense, Omar Fayad, no supo o no quiso responder, sino con generalidades, ayer noche sobre el grado de pobreza que se padece en esa zona y salió con generalidades demagógicas?

Por otra parte, ante estos graves accidentes, el gobierno de AMLO deberá de prepararse para evitar no sólo los siniestros casuales, sino en contra de los causales, por los miles de millones de pesos que están en juego en contra de la delincuencia organizada, prepararse incluso en contra de posibles sabotajes y atentados. No es por demás.

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Acerca del autor

Felipe Cobián Rosales

Ex jefe de Información de Notisistema y Noticentro. Excorresponsal de Excelsior, La Jornada y Proceso. Fundador de Semanario Diez y Proceso Jalisco.

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