Sobre la apariencia y el intelecto

Sobre la apariencia y  el intelecto.                            

Alfonszo Rubio Delgado

Para poder expresar lo que son la apariencia y el intelecto, se debe definir primero, el concepto inicial. Posteriormente, el que le sigue.  De esa forma habremos de comenzar con el pie derecho, pues habiendo dejado claro lo primero, lo segundo será más creíble. Al menos en teoría, eso sería lo deseable. Sin embargo, habremos de definir lo pensable, pues realizar ese tipo de hazañas, le está vedado a muchos individuos.

Hay quienes no se convencen con nada, pero tampoco convencen con sus prédicas. Ello, al referirnos a los asuntos científicos, tecnológicos, filosóficos o de cualesquier asunto procedente de la mente desarrollada. En apariencia, quienes manejan los hilos sociales dejan ese tipo de hallazgos, para favorecer a ciertos perfiles, pues hay que tomar en cuenta que, no cualesquier perfil, es promocionable. Es decir, si quienes manejan al rebaño no están de acuerdo con cierto aspecto, por poco agradable, las ideas sí pasarán, pero la imagen de quien propone la teoría, no.

De esa forma, hemos tenido, como humanidad, grandes pensadores. Algunos de los cuales, han sido físicamente impresentables, Sócrates, por ejemplo. Heráclito, cuyo pensamiento fue rechazado, mismo que también se intentó desaparecer. Del primero, Platón tuvo que hacerla de lazarillo, pues tanto maestro como discípulo llegan en el mismo paquete. Sólo que uno es despreciado por su desagradable rostro; el otro, por asuntos diferentes.

Aristóteles llamó antinaturales a aquellas costumbres mostradas por su maestro, razón por la cual, quizás, dejó la academia. Es de notarse que el gran Sócrates, tenía más tolerancia para ese tipo de tendencia, pues el gran Alcibíades era muy aficionado a refugiarse en los brazos de Morfeo y de Sócrates. Quizás en la vieja cultura griega, la tolerancia a ese tipo de prácticas no desbalanceó el equilibrio social. Tampoco causó su descomposición.

Aunque según se observa, por los comentarios aristotélicos al respecto, los límites eran patentes. La corrupción a menores, como se menciona en los famosos diálogos de Platón, se castigaba con lapidación. Aunque es menester mencionar el hecho de que los grupos de ciertos individuos “antinaturales” se multiplican cuando le ocurren desequilibrios a las sociedades, cuando entran en decadencia.

Ahí todos los factores que sostienen a una sociedad se resquebrajan. Lo que no es legítimo ni válido es que, por razones estéticas o de pobreza, la creatividad de unos individuos pase a manos de otros. Tampoco que, por razones de raza, estilo, porte u otro, el patrimonio intelectual de los individuos pase a enriquecer a otros. Así, en las ideas filosóficas como en las científicas, la humanidad debe reconocer a quien las produce.

El hecho de que ciertos grupos se adjudiquen ciertos derechos, por estar apegados a un mito y tener recursos económicos en demasía, no les da derecho a saquear patrimonios intelectuales. La idea tonta de creer que una raza de individuos es la única, estéticamente apta para ser expuesta ante las muchedumbres, es aberrante, pues en todas las razas existen perfiles agradables y desagradables.

Expresiones como: “dios nos hizo parecidos a los humanos para no sufrir un colapso al encontrarnos con ellos”, vienen a ser legítimamente estúpidas. Tan monstruosas pueden llegar a ser unas razas, como las otras. Eso, en el mismo tiempo y en el mismo espacio. También depende del concepto de estética imperante en determinada época. Los certámenes de belleza en la antigua Grecia eran entre varones, exclusivamente. Ahora, son entre mujeres unos; entre varones, otros; y demás. La belleza en la edad media se medía con conceptos diferentes a los actuales.

La intelectualidad se da en el mismo tenor. De todas las razas han surgido pensadores que han contribuido, con sus invenciones, al bienestar de la humanidad. Más no siempre han sido reconocidos. Muchos de ellos han sido despojados del producto de su mente. Luego se adjudica a otros como lo fue en un principio Nicola Tesla, mismo que, al ser trabajador de Tomás Alva Edison, fue timado con algunos de sus descubrimientos tecnológicos. Grandes descubrimientos de inventores mexicanos son opacados por esa actitud eurocéntrica o racista, misma que pretende ser la única que hace descubrimientos científicos, tecnológicos o filosóficos. A punta de billetes o de fuerza bruta, la que compra o de plano escamotea productos comercializables.

Luego. si el inventor es un individuo con poca o ninguna influencia política, social, económica o de algún tipo, le es arrebatada su obra sin ningún escrúpulo ni recompensa. Se le condena al exterminio. Quienes manejan los hilos sociales son así de indolentes, extraños y se esconden, cual ladrones, en la oscuridad. Así, la humanidad espera la .justicia, es decir que desaparezcan esos innombrables; que la verdadera humanidad tome las riendas de su mismidad y se manifieste a plenitud; que se legitime y alcance, de una vez por todas, su madurez.

¡Saludos amig@s!

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