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¿Trabas a la unanimidad legislativa?

¿Trabas a la unanimidad legislativa?

Filosofando

Criterios

 

¡Qué horror! ¡Cómo nos encanta el autoengaño! Pero vayamos a los hechos y luego nos apostrofamos, que para tal ejercicio no tenemos cura. Hace unos meses nuestros señores legisladores discutieron, aprobaron por unanimidad y promulgaron, como debe hacerse, la ley que iba a dar paso a la creación de una Guardia Nacional, para ponerle freno ya a la violencia desatada que nos aqueja. Hubo un punto de debate en el que se liaron y que parecía que no les llevaría a buen puerto. De un lado se defendía a ultranza la naturaleza militar y del otro el perfil civilista de este organismo. Ganó la propuesta civilista. La propalaron sus defensores como una victoria inobjetable. Se sumaron al carro completo del oficialismo y los números de tal ley resultaron de unanimidad total.

Siempre es sospechosa toda unanimidad. En este espacio le metiéramos aguja por ver si no traería por ahí gato encerrado. Con pocos elementos a la mano no es fácil elaborar diagnósticos atinados. Se ocupa tiento para realizarle un análisis inteligible. A lo burdo y doloso cuesta más trabajo hallarle cuadratura. Nuestros refranes nos advierten por un lado que lo más feo da más quehacer y ocupa más campo. El contrario: que para lo limpio no se ocupa jabón.

Pues seguimos a oscuras Nuestra confusión es plena. La oposición en el poder puede tacharse de derecha. Así la hemos estado motejando los comentaristas y los aludidos no se han esforzado en desmentirnos. Nos referimos con ello a los viejos partidos PRI, PAN, PRD y MC. Por lo pronto le dejaron el tinglado de izquierda a Morena y sus aliados, aunque el PES no cabría en esta calificación. Ya no gustan mucho estos viejos acomodos, pero ilustran. Sigamos.

Nuestra derecha aclaró en los debates que fue propuesta suya meter soldados a ponerle freno a la violencia desatada en el país. Si no lo decían, ni falta que hacía, pues ellos fueron el gobierno a lo largo de los 90 años pasados. Ellos sacaron de sus cuarteles a los mílites y los pusieron a patrullar el país. Los soldados llevan ya doce años realizando tal tarea, aunque la derecha nunca reglamentó su situación. Por lo mismo ésta era ilegal o anómala. No se preocuparon de legitimarles este funcionamiento irregular.

AMLO envió su iniciativa. Revivió la discusión de la inconclusa ley de seguridad interior. Los anteriores diputados de izquierda y muchos organismos de la sociedad civil no dieron nunca su brazo a torcer para aceptar la militarización de las fuerzas del orden. Vimos pues que los papeles se voltearon. La izquierda en el poder, opuesta antes a la militarización de los cuerpos de seguridad, ahora la avaló. ¿Por ser sugerencia del Peje?

AMLO propuso la opción militarista en su iniciativa de ley. Sus legisladores la avalaron. Era la opción de su presidente, aunque fuera extraña y distinta a lo ofrecido en campaña. ¿Cómo reaccionó la oposición mostrenca que tenemos? Habiendo implementado a lo largo de doce años la solución militar, en tribuna, ya como oposición, defendió la opción civilista. ¿Quién nos entiende? ¿Por qué cambiamos de chaqueta al menor señalamiento? ¿De dónde sacamos que lo que se defendía ayer, de manera equivocada, se convierte en postura correcta al día siguiente, con sólo virar la postura en 180 grados?

Parecía postura inobjetable: O sus mandos y naturaleza es civil, o no habrá guardia nacional. La postura de AMLO tronaría. La vieja oposición, puesta ahora en situación de gobierno, accedió y concedió. Se modificó la letra del documento para ajustarlo a la exigencia de la aterida oposición novata. Puestos de acuerdo, la aprobaron por unanimidad y todos contentos. Fue un espectáculo inusitado: unanimidad en el senado, en el parlamento nacional y en los 32 estados de la república. Falta que sean emitidos sus reglamentos respectivos. Pero eso parece ahora ya no importarle a nadie.

La presidencia nombró a los futuros responsables de la guardia, aunque no haya aún reglamentos. Pareciera pues que eso de ajustarse a lo normado no cuenta. Pero lo de los reglamentos es falta menor. ¡Tanta pasión desbordada en los debates por lo civil y contra lo militar a la hora de la creación de ley, para que resulte letra muerta! Todos los designados provienen de la milicia, que fue lo expresamente prohibido. Luis Rodríguez Bucio es general brigadier. Será el futuro comandante de la guardia nacional. Xicoténcatl de Azolohua Núñez Márquez y Gabriel García Chávez, también militares, integrarán la Coordinación Operativa Interinstitucional. La señora Patricia Rosalinda Trujillo Mariel, futura comisaria general de la policía federal, proviene del mismo redil.

Hay quien sostiene el sofisma de que porque Alfonso Durazo Montaño, el fiscal general, es civil, y la guardia en ciernes estará adscrita a su dependencia, el tal mando es civil, no militar. Otros fincan la definición afirmando que Rodríguez Bucio está en situación de retiro. Mientras no se retire, es militar en activo. O se remiten al mismo AMLO, comandante supremo de nuestros cuerpos armados, que es civil. Ergo, la guardia es civil. Lo que hay es una desobediencia palmaria a lo recién promulgado y estatuido y hay que decirlo. Todo lo demás es charlatanería pura. Así andamos. ¿Así seguiremos?

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