Una brazada más

Nadar en aguas abiertas es una dimensión desconocida porque no sabes qué te depara el destino; nadar en aguas abiertas no es una competencia entre nadadoras y nadadores, es una competencia contra el tritón mismo. Nadar para superar el tiempo personal de la travesía anterior. Si el récord te sube al podio, es totalmente secundario.

Nadar en aguas abiertas es disfrutar con total plenitud la naturaleza, fomentar las relaciones humanas sin importar la edad y el sexo, porque lo mismo nada el nieto o la nieta con la abuela y el abuelo. La multitud se transforma en una auténtica fiesta acuática.

La semana pasada tuve la oportunidad de nadar en la Laguna Encantada de Santa María del Oro, Nayarit. Una laguna impresionante que causa zozobra y miedo a cualquiera. La Laguna de Santa María del Oro (Samao) es un lago cráter de origen volcánico cuyas dimensiones oficiales y científicas, avaladas por estudios del Instituto de Geofísica de la UNAM, son las siguientes:

Diámetro: tiene un diámetro aproximado de 2.25 kilómetros. La profundidad máxima alcanza de 60 a 65.5 metros en su punto más profundo, desmintiendo el mito local de que “no tiene fondo”.
Profundidad promedio: su fondo central es plano y se mantiene en un promedio de 46 a 55 metros.
Superficie total: cubre un área de 3.07 kilómetros cuadrados (unas 370 hectáreas).
Perímetro (línea de costa): su orilla mide entre 9 y 10 kilómetros de longitud.
Volumen de agua: almacena un estimado de 14.3 millones de metros cúbicos.
Altitud: se localiza a 750 metros sobre el nivel del mar, encajonada por montañas que se elevan hasta 400 metros por encima del espejo de agua.

Ya son tres ocasiones que realizo este cruce; en esta oportunidad, gracias a la organización de Tridente ATL, de mis amigos César Camarena y Gabriel Alonso, ambos egresados de la licenciatura en Cultura Física y Deportes de la Universidad de Guadalajara. Los dos, experimentados entrenadores de natación. Por lo visto, resultaron muy buenos organizadores porque coordinar a más de 600 tritones es bastante complicado.

En lo personal, esta competencia representaba un auténtico reto, puesto que estaba regresando de una lesión en el hombro izquierdo, común entre los nadadores, pero que requiere de una vital paciencia para recuperarse. La rehabilitación puede durar un año o más. Estaba inquieto antes de la salida.

La adrenalina llega al tope minutos antes del banderazo de salida, sobre todo cuando inicia el conteo regresivo, pero ya en el agua poco a poco vas imponiendo tu estrategia de recorrido. Les confieso que los primeros metros me costaron porque me estorbaba la boya. Me la amarré en el calzón y comencé a deslizarme cautelosamente, brazada tras brazada.

Más o menos al medio kilómetro tomé ritmo y comencé a disfrutar el maravilloso panorama que ofrecía la laguna, rodeada de enormes cerros pelones por la sequía; el agua cristalina me permitía tomar confianza. A la mitad del recorrido, la confianza era total. Le metí velocidad y, cuando escuché al animador, César Camarena, pensé: “ya la hice”. Llegué a la meta con la enorme satisfacción de la misión cumplida.

Raúl de la Cruz, colaborador de Partidero.
Raúl de la Cruz, colaborador de Partidero.

Mi cronómetro marcó 1.686 kilómetros, con un tiempo de 52 minutos. Tiempo que realizo en los 1500 en alberca. Sin embargo, lo que cuenta es el tiempo oficial y éste fue de 50.17 minutos en 1200 metros.

Periodista con más de 35 años de experiencia. Reportero de deportes en prensa, radio y televisión. Ha cubierto Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales de futbol y funciones de boxeo nacionales e internacionales. Autor de tres obras: Historia de una pasión: Leones Negros; Beto Ramírez, pionero de la natación en aguas abiertas; y El deporte en el Valle de México durante la Conquista.
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