Veneno para la educación
Juan M. Negrete
Lo de imaginarse siempre, para el futuro, una mejor sociedad e ir pegando los ladrillos de su construcción, viene siendo la ilusión soterrada de todos, de cada uno de nosotros los seres humanos, que tuvimos la dicha de ser engendrados y alumbrados en cualquier lugar de la tierra. Así vamos dando nuestros primeros pasos, hasta fortalecer las piernas y poder correr tras la consecución de metas positivas.
Los escarceos formativos nos llegan en las escuelitas primarias. Esta experiencia escolar la conocemos de sobra. Es tarea universal de todos hasta que pisamos la adolescencia. Lo que sigue es la etapa en que caminamos y hasta competimos en carreras de fondo. Nuestra fortaleza física nos indica que traemos excesos de energía que hay que quemar. La formación que recibimos en la adolescencia es clave para la realización o la frustración de los sueños que habíamos acariciado para el futuro, el nuestro y el de quienes nos rodean.
Aquí vienen las decisiones clave de quienes nos han guiado. Una de ellas es la de la inscripción a las escuelas pertinentes o prescindir de ellas. Lo de entrarle ya a los trabajos físicos y concretos en que se ha de gastar la vida es opción extendida, aunque no sea necesariamente la deseada.
Una gran parte de paisanos sí ingresan a los espacios de la EMS (educación media superior). Todavía están en la memoria de los más viejos los cuadros referentes a estas etapas de crecimiento en las que la educación primaria terminaba con el sexto año de las escuelas básicas. Pero estos tapones o vallas colectivas fueron rotas hace buen tiempo.
Se extendió para todos la duración del período formativo escolar. El sexto año de la primaria dejó de ser etapa cardinal. A la educación básica escolar se le ampliaron los diques. La secundaria ingresó con toda la fuerza social que ameritaba la etapa ‘final’ por ser cubierta. Tenía que regirse con la normativa nacional de la primaria: gratuita, obligatoria y laica. La discusión de los teóricos sobre estos basamentos del edificio educativo pasó a ser del dominio generalizado, por el hecho simple de haberse universalizado el horizonte de educandos.
Un punto que no conoce todavía solución o acuerdo feliz viene a ser la etapa que cubre los años formativos del bachillerato. El punto a debate se ha centrado en torno a quiénes han de administrar el funcionamiento de estos centros de escuelas preparatorias o de bachillerato. Una buena parte de convencidos sostiene que lo más obvio debe ser que las administren y, por lo mismo, que dependan de los centros universitarios en los que rematarán los educandos de tales centros.
Pero otro buen bloque de analistas apunta a que las prepas no han de estar integradas a estos centros de educación superior todavía; que ha de ser el estado el que las administre y las sostenga. Se parte de la axiomática de que los educandos aún no han alcanzado la claridad necesaria para dedicarse de lleno a una actividad profesional, que será la meta por inducir en los espacios de las IES (instituciones de educación superior).
En qué momento entonces empieza ya la etapa de la educación universitaria: ¿Cuando se ingresa a la preparatoria, o cuando se da el paso a la elección de una carrera profesional? Para la cuestión pecuniaria importa demasiado definir con claridad esta diferencia. El presupuesto destinado a las universidades cuenta con bolsas distintas, si incluye a las escuelas de nivel bachillerato, que cuando no. Es cuestión de números y éstos son fríos siempre, aquí y en China.
Vemos que la pertenencia o conexión directa de escuelas EMS a universidades ya en funciones o una dirección estatal controlada por la SEP sigue siendo discusión inconclusa. Es asignatura pendiente a la que no se le ha dado la importancia que tiene. No se trata tan sólo de si habrá que extender sobre ellas el manto clásico con el que se cubre a las instituciones escolares de gratuidad, obligatoriedad y laicidad. Es la etapa decisoria en la formación del ciudadano nuevo que se integrará de lleno al funcionamiento del universo que tenemos funcionando los adultos.
De manera que la disputa a fondo que ha de darse en torno a la ES (Educación Superior) no termina de perfilarse con la claridad que demanda, por no incidir a fondo en esta asignatura pendiente. No se trata tan sólo de una mera cuestión cuantitativa, que lo es. Encierra en sus trabes elementos de decisión puntual en la conformación de cada uno de los individuos nuevos que por ellas transiten.
Cuando el tema trate de las IES, ya en particular, la perspectiva aceptada es que se habla de la formación de sujetos nuevos que se emplearán a fondo en las tareas indispensables para una sociedad madura. ¿Dónde colocar entonces a la nube de muchachos aspirantes para, dos o tres años adelante, disponerse a meterse de lleno a estas metas? Mientras no resolvamos esta confusión de etapas de crecimiento de nuestros educandos, no tendremos todos los pelos de la burra en la mano. Las confusiones y las indecisiones se desprenderán por sí solas en cuanto paso se dé adelante, sin solución de continuidad.
Y si a estas oscuridades intrínsecas le damos paso de ingreso propio a la minuta pecuniaria intra y extramuros, pues ya se jodió la francia. De ahí que los señorones del mundo financiero se hayan dividido amigablemente los dos espacios por cubrir. El BM (Banco Mundial) espetó que se ocuparía de financiar las tareas o las empresas de la educación básica. El BID (Banca Interamericana de Desarrollo) escogió incursionar en la educación superior. De acuerdo. Pero ¿podremos ponernos de acuerdo con estos señorones del dinero, de que lo primero que buscamos obtener en las aulas es la formación de auténticos homo sapiens, antes que modelar tan sólo homo oeconomicus, cual es la tirada de los centaveros?
