El Rincón de Clío

Criterios

Es una gruesa pared; un paredón que envuelve el presente, asfixia el futuro y recuerda la rudeza del pretérito. Sus tabiques como sólida muralla, aprisionan los cuerpos desvencijados nublándoles la mirada hacia el horizonte. El muro hace las veces de línea perimetral entre la presencia y ausencia de los satisfactores suficientes para acceder a una vida digna. La altura de la valla socioeconómica es el dique que enreja las esperanzas del porvenir.

A fin de cuentas, las cercas se materializan en la pobreza sin adjetivos; en la precaria gobernabilidad; en la violencia callejera que ha hurtado para su beneficio los espacios públicos deshabitados a consecuencia de la intranquilidad que genera la disputa por el negocio criminal. Como si esto no fuese suficiente, en el triángulo norte centroamericano, escasea el empleo, y donde existe resulta paupérrimo en su más amplia definición. Por donde se mire, esos muros ahogan a los famélicos cuerpos del interior.

No obstante, la pesadez de las circunstancias, se logra soñar una realidad sin muros. Una realidad utópica, es decir, un mundo mejor jamás un mundo perfecto. Una comunidad donde los recursos económicos y las oportunidades sociales se repartan de manera equitativa. Una sociedad poblada de ciudadanos que miren en el otro, la posibilidad de la dignidad propia; que asuma el entendimiento y la aceptación de la diversidad.

El sueño se concretó en una caravana donde la multitud de personas migrantes se proporciona la seguridad necesaria para transitar la territorialidad migratoria más violenta del planeta: la República Mexicana, y así llegar a las puertas de la Unión Americana. Una caravana que ha imaginado un lugar donde vivir. Una muchedumbre como en romería en busca de tierra fértil para sembrar sus anhelos e ilusiones que garanticen una próspera cosecha.

Al tiempo, la caravana enfrentó la violencia, el rechazo, la criminalización, el no reconocimiento, la ausencia de hospitalidad, la indiferencia. Las personas migrantes experimentaron el repudio de gobierno y sociedad envuelto en acciones de ayuda, todo con la intención de que abandonaran las ciudades a donde arribaban.

Cuando despertaron de su andar, el muro seguía ahí. Donald Trump no dejaba de presionar a México para expulsar a los centroamericanos. Sobre mujeres y hombres fueron lanzadas balas de goma y gas lacrimógeno para impedir que siquiera arañaran las altas paredes del muro fronterizo. Son 5 mil 600 soldados norteamericanos apostados en la frontera sur del vecino del norte, más del doble del despliegue estadunidense en Siria. El “gobierno” de México amenazó con la deportación. Hoy amanecen en Tijuana casi 5 mil hondureños, salvadoreños y guatemaltecos luego de concluir su travesía de 4 mil kilómetros a través de la frontera vertical mexicana.

Para algunos el sueño concluirá anotándose en una larga lista de espera para solicitar el asilo en Estados Unidos. Para otros, el sueño se terminará al regresar de manera “voluntaria y asistida” a sus países de origen.

Quizá, el sueño comenzó con la esperanza de abandonar la histórica pobreza que los sofoca. Hubo esperanza, solo eso.

El sueño está roto, el muro sigue en pie.

@contodoytriques

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