El Rincón de Clío

Criterios

 

Dos asuntos preocupan a la población en general y al gobierno en particular: la violencia e inseguridad, y la salud económica de la República. De los dos asuntos, en el primero la administración de Andrés Manuel López Obrador se encuentra totalmente rebasada y con un mínimo margen de maniobra, lo que queda de manifiesto todos los días con el regadero de sangre por doquier. La cuestión económica, aunque es delicada, me parece que muestra mayores posibilidades de navegar por mejores aguas sin negar la tormenta que se posa sobre el país.

En tanto la economía camine por buenos senderos, el impacto negativo de la violencia puede disminuir, pero si la economía no avanza a consecuencia de la incidencia de inseguridad, la irritación social se desbordará dando paso a un escenario que estoy cierto, el gobierno de López Obrador no se ha planteado: que concluya la luna de miel con la población.

Desde el inicio de este gobierno las proyecciones y especulaciones sobre el crecimiento económico de México en 2019 han ido de un lado para otro, aunque al paso de las semanas la mayoría de los especialistas miran nubarrones en el horizonte mexicano, que si bien, aún no se habla de recesión (lo cual implica una caída del PIB durante tres trimestres consecutivos), si afirman que el crecimiento no será el proyectado por la presidencia de la República.

Todo comenzó el 30 de abril cuando el Instituto Nacional de Estadística y Geografía afirmó que la economía mostraba una contracción de 0.2% en el primer trimestre del año. A ello, siguieron la publicación de varios indicadores que ponen en entredicho el buen ritmo, que afirman las autoridades, lleva la economía nacional. El desempleo llega a 3.5%; las actividades industriales y manufactureras cayeron 2.1%; la OCDE pronostica que nuestra economía crecerá 1.6% y la agencia calificadora HR Ratings afirma que a lo mucho llegaremos al 1.5%. El mismo 30 de abril AMLO, según sus cifras aseguró que la economía crecerá en promedio 4% anual y alcanzará 6% el último año de su administración. Esto a pesar de que el mismo jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, afirma que en 2019 tendremos un crecimiento de 1.6%.

Más allá de los dimes y diretes sobre el nivel de crecimiento que alcanzará nuestra economía en 2019, lo que debe ocupar al gobierno de López Obrador es la generación de condiciones adecuadas para incrementar los niveles de inversión privada sea nacional o extranjera, y pública. Para ello es indispensable dos condiciones: la primera, reducir los niveles de violencia e inseguridad para que fluyan las inversiones; la segunda, dejar de apostar por el subejercicio del gasto público con la idea de la austeridad republicana. El buen manejo de las finanzas públicas pasa por utilizar adecuadamente los recursos, y no necesariamente por reducirlos.

Así las cosas, el segundo semestre del año no pinta como lo proyectó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y aunque no tenemos en puerta un panorama catastrófico, la administración lopezobradorista tendrá que hacer lo necesario para recomponer el rumbo y evitar el atorón económico.

 

@contodoytriques

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