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Crisis educativa que viene y la UdeG

Crisis educativa que viene y la UdeG

Sin dejar de lado otros factores, pero esencialmente debido a la pandemia, México sufrirá, a la par de la severa crisis económica, una crisis educativa de la que puede tardar años en recuperarse siquiera al nivel actual que para nada es de lo mejor.

En ámbito económico, de acuerdo con distintas proyecciones hechas por especialistas nacionales y extranjeros que van desde los más optimistas hasta los más pesimistas, el país tendrá el próximo año un descenso que oscilará entre un 4% y un 18%.

Pero vayamos a lo educativo que es en lo que quiero centrarme.

Desde que inició la emergencia por Covid-19 y los centros educativos fueron cerrados desde mediados de marzo (en Jalisco fue a partir del día 16 y una semana después en todo el país), las clases presenciales quedaron suspendidas.

Pasaron las vacaciones Semana Santa y Pascua, y todo el sistema educativo siguió paralizado. Días después, algunas instituciones educativas, sobre todo particulares, empezaron organizarse para transmitir clases virtualmente y poco a poco se fueron incorporando instituciones públicas y más privadas a este sistema, pero no todas. No pocas siguieron cerradas física y virtualmente.

Con esto, las escuelas, y sus alumnos en particular, perdieron la oportunidad de concluir el año escolar como se debe y la situación terminó de manera  irregular y el estudiantado, obviamente, se retrasó y está a la espera del reinicio que, seguramente, será también irregular porque está sujeto, de una u otra manera, al comportamiento del coronavirus; esto es, de que se reduzca o no el número de contagios.

Sin que se tengan datos precisos aún –al menos yo los desconozco—se estima que al menos un 40% de los educandos no pudieron o no quisieron incorporarse a las clases vía internet. En mucho, eso se debió también a la falta del servicio en zonas marginadas o simplemente a la falta de un dispositivo.

Ahora bien, muchos padres de familia que tenían a sus hijos en colegios o en universidades particulares, dejaron de pagar obviamente las colegiaturas durante este largo período vacacional simple y sencillamente porque unos quedaron sin trabajo o porque disminuyeron sus ingresos; otros porque ante la oferta que habrá de clases por televisión, prefirieron no inscribir a sus hijos en escuelas de paga y, ante la crisis económica, ahorrarse cuotas.

Como sea, esta situación ha venido a mermar enormemente los recursos de tales planteles por lo que buen porcentaje cerrará definitivamente sus planteles porque ya no tienen para mantenerse, incluidos los raquíticos pagos que, por lo general, hacen al magisterio.

De acuerdo con una nota del diario El Financiero publicada el lunes 10 de agosto y con base en datos de la Asociación Nacional de Escuelas Particulares y de la Asociación Nacional para el Fomento Educativo, el 40% de las escuelas privadas en el país (un total de 18 mil 657) cerrará sus puertas definitivamente y alrededor de 2 millones de alumnos buscarán acomodo en escuelas públicas.

¿Qué pasará  con esos 2 millones de estudiantes cuando las clases sean en las aulas? ¿Tendrán cabida? Indudablemente que muchos no tendrán lugar. Miles quedarán fuera; quienes logren ingresar, propiciarán saturación en los planteles oficiales y esa hacinación puede ocasionar notable disminución en la percepción y calidad de la enseñanza.

Podrá argumentarse que las clases por la vía virtual o por la televisión suplirán. El problema está, por una parte, la insuficiencia para conectarse vía web y la falta, como ya lo anotaba antes, de equipo y también, la carencia de disciplina en un buen porcentaje de la población para estudiar de esta manera, en especial en el nivel de primaria y secundaria.

Pero hay que esperar, no obstante que no todos los canales por los que se suministrará el servicio de clases llegan a poblaciones relativamente aisladas. En muchos lugares apenas si se percibe mediana o definitivamente mal la señal abierta de los canales insignia por donde no se transmitirán las clases y el sistema de televisión oficial, está muy lejos de cumplir con ese objetivo si no se recibe vía cable y en tales lugares, un bajo porcentaje de hogares cuentan con este servicio.

Por otro lado, debe reconocerse que la Universidad de Guadalajara dará cabida a todos los solicitantes de ingreso a nivel preparatoriano, cosa que no ocurría desde hace, por lo menos, tres decenios, tiempo desde que Raúl Padilla López maneja a su antojo a esta casa de estudios.

Querer es poder. ¿Por qué la UdeG no lo había hecho antes? ¿Qué intereses tiene las escuelas y “universidades” incorporadas que ahora sufren un revés por la falta de inscripciones en el número a que estaban acostumbradas?

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Acerca del autor

Felipe Cobián Rosales

Ex jefe de Información de Notisistema y Noticentro. Excorresponsal de Excelsior, La Jornada y Proceso. Fundador de Semanario Diez y Proceso Jalisco.

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