Por: Eduardo Esquivel Torres
Martes 28 de julio.- Mientras las autoridades municipales culpan a las ráfagas de viento y al cambio climático por el colapso masivo de árboles cada vez que una fuerte tormenta azota el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), como ocurrió ayer por la tarde-noche, investigaciones de la Universidad de Guadalajara (UdeG) señalan que el verdadero responsable del deterioro del arbolado urbano se encuentra bajo el asfalto de las obras públicas.
El colapso de ejemplares de gran tamaño no es un desastre exclusivamente natural. Expertos en ecología aplicada y ciencias ambientales de la UdeG advierten que la infraestructura gris de la ciudad está diseñada de tal manera que termina asfixiando las raíces.
Las remodelaciones de banquetas, la introducción de cableado subterráneo y las obras viales mutilan sistemáticamente las raíces de soporte de los árboles. Posteriormente, los suelos son sellados por completo con concreto, lo que impide el anclaje físico, la oxigenación y la correcta filtración del agua.
Al carecer de espacio para infiltrarse, el agua de las tormentas satura la poca tierra libre que permanece bajo la superficie. Al debilitarse la base, los árboles terminan cayendo por su propio peso estructural ante vientos que un ejemplar sano resistiría sin mayores problemas.
Esta crisis no es nueva, sino el resultado de un histórico divorcio entre la ingeniería civil y la ecología urbana en Jalisco.
Durante décadas, administraciones pasadas plantaron árboles de gran porte o con sistemas radiculares agresivos, como eucaliptos, casuarinas y ficus, en banquetas sumamente estrechas. Al crecer, estos ejemplares fracturan el pavimento en busca de agua y nutrientes.
En lugar de adecuar la infraestructura, la respuesta de los ayuntamientos y de las empresas constructoras ha sido cortar las raíces principales para nivelar banquetas o instalar tuberías, comprometiendo gravemente la estabilidad de los árboles.
Proyectos recientes de movilidad masiva, como el desarrollo de Mi Macro Periférico y las obras de la Línea 3, han sido señalados por investigadores como detonantes de un importante impacto ambiental, debido a planes de manejo del arbolado considerados deficientes, que priorizan la rapidez de las obras sobre la supervivencia de los ejemplares.
Mientras tanto, la Dirección de Parques y Jardines se limita a realizar podas para equilibrar las copas, pero las raíces ocultas bajo el concreto continúan deteriorándose por la presencia de hongos o debilitándose por plagas parasitarias, como el muérdago, que afecta severamente la salud del arbolado urbano.
La inercia gubernamental de tratar a los árboles como simples elementos decorativos, y no como infraestructura viva indispensable, condena a Guadalajara a perder miles de ejemplares durante cada temporada de lluvias.




