El gran inquisidor / II

El gran inquisidor / II

Josefina Reyes Quintanar

Segunda parte:

Varios son los significados que se le han dado a este beso. Por supuesto es un símbolo de amor incondicional de Cristo, que responde al odio con lo único que él tiene: amor y perdón. Es también una reafirmación de la libertad sin palabras, un reconocimiento de que el amor verdadero no es nunca impuesto por la autoridad, sino que debe ser libremente elegido. Es un beso que simboliza la respuesta divina al escepticismo y la desesperación humana, nos recuerda a Cristo defendiendo la verdad sin necesidad de pronunciar palabra alguna, sino sólo manifestándose como un acto de amor puro, según Dostoyevski, es la verdadera fuerza de la fe cristiana.

Los hermanos Karamázov es la novela más importante de Dostoyevski, es una obra maestra de la literatura y sumamente aclamada; fue la última novela del escritor ruso que se publicó de forma seriada en El Mensajero Ruso entre enero de 1879 y noviembre de 1880. Dostoyevski murió a menos de cuatro meses de su publicación. Es un drama espiritual de luchas morales relacionadas con la fe, la duda, el juicio y la razón, con una trama que gira en torno al tema del parricidio.

Es la historia de la familia Karamázov, el padre, Fiódor Pávlovich Karamázov, es un terrateniente borracho, arbitrario y corrompido que tiene cuatro hijos: Dimitri, de carácter violento, hijo único de su primer matrimonio; Iván, un intelectual frío y materialista; Aliosha, el hijo pequeño, pasivo y religioso y Smerdiakov, el hijo bastardo y resentido. La historia gira en torno a las relaciones perversas que se establecen entre el padre y los hijos, hasta que ocurre el parricidio y su presunto asesino, Dimitri, es juzgado y condenado. Describiendo estas interrelaciones entre los personajes, Dostoyevski construye una increíble visión del mundo moral humano. La novela transcurre a gran profundidad espiritual e intelectual, proponiendo el enfrentamiento entre diferentes formas de concebir el mundo y los conflictos morales.

La gran cualidad de Dostoyevski es entender el alma rusa, un alma atormentada cargada de pesadumbres y complejas disyuntivas, algunas espirituales otras terrenales, siempre con una duda imperante en cada actuar de sus personajes. El autor vivió en la segunda mitad del siglo XIX en una Rusia zarista que empezaba a incorporar algunas reformas sociales. Muchas de sus novelas tuvieron un fuerte impacto en su época, ya que supo formular los interrogantes que llevaba dentro el hombre moderno y además supo dar respuestas coherentes y adecuadas a esas cuestiones. Es innegable la experiencia que obtuvo al haber sido encarcelado y condenado a Siberia por delitos políticos, el haber convivido con lo más depravado y miserable de la sociedad le marcó profundamente. Fue en el presidio donde profundizó la lectura en el Evangelio y le sirvió para dar un giro total a sus convicciones. De ahí el surgimiento de su literatura psicológica que no siempre fue bien comprendida, pero con la cual pretendía diagnosticar enfermedades morales.

Es importante la lectura del capítulo de El Gran Inquisidor dentro del contexto de la novela completa, aunque por si sólo es un relato revelador, y por lo general es entendido como una crítica al cristianismo católico, realmente va más allá debido a que los temas que expone son los límites y dudas entre la libertad y la felicidad, la lógica que gobierna las masas y sus dirigentes, el conflicto del individuo en búsqueda de un supuesto bienestar social, pero con la incertidumbre de su moral interna. Posterior al capítulo de El Gran Inquisidor viene la respuesta, en otro capítulo y con otro de los personajes, el stárets Zósimo, venerado monje y el mentor espiritual de Aliosha, cuyas enseñanzas se centran en el amor activo, la redención a través del sufrimiento, la responsabilidad universal y la armonía. Un personaje creado por Dostoyevski para contrarrestar las ideologías nihilistas y promover una visión optimista y cristiana de la vida.