Morelia, Michoacán.— A 23 años de su fallecimiento, el muralista, pintor, escultor, grabador y fotógrafo Alfredo Zalce Torres, originario de Pátzcuaro, será recordado con una serie de actividades culturales, entre ellas el depósito de sus cenizas en la Casa Taller Alfredo Zalce, ubicada en la ciudad de Morelia.
Las cenizas del maestro Alfredo “Fello” Zalce —como lo llamaban sus amigos— serán colocadas en este espacio donde desarrolló gran parte de su obra, en el marco del aniversario luctuoso ocurrido el 19 de enero de 2003.
Nacido el 12 de enero de 1908 en Pátzcuaro, Zalce Torres fue uno de los artistas michoacanos más prolíficos e influyentes del siglo XX. Su obra trascendió fronteras y fue exhibida en recintos internacionales como el Metropolitan Museum of Art de Estados Unidos, museos de Estocolmo, Varsovia y Sofía, además del Palacio de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México.
Fue dibujante, muralista, renovador de la gráfica mexicana y profesor. Participó en los principales movimientos artísticos de su época y fue fundador del Taller de Gráfica Popular, uno de los proyectos más relevantes del arte social en México.
Ingresó a la Academia de San Carlos a los 16 años, donde fue alumno de Germán Gedovius, Sóstenes Ortega y Leandro Izaguirre. En la década de 1930 fundó la Escuela de Pintura y Escultura de Taxco, estudió litografía con Emilio Amero y recibió el impulso artístico de Diego Rivera para continuar su carrera.
En Morelia se conservan importantes obras del maestro patzcuarense, como Los defensores de la integridad nacional y Fray Alonso de la Vera Cruz en el Museo Regional Michoacano; Importancia de Hidalgo en la Independencia y Gente y paisaje de Michoacán en el Palacio de Gobierno; además de murales y relieves escultóricos en el Congreso del Estado y las Estelas de la Constitución frente al Zoológico Benito Juárez.

Durante su vida artística fue autor de casi tres mil piezas en técnicas como muralismo, escultura, pintura, grabado, cerámica, serigrafía, monotipo e incluso joyería. Parte de este legado se resguarda en el Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” (MACAZ), que lleva su nombre.
Zalce falleció el 19 de enero de 2003, una semana después de cumplir 95 años, a causa de una insuficiencia cardíaca en su casa de Morelia.
En entrevista, la titular de la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum), Tamara Sosa Alanís, informó que los restos del artista serán depositados en una urna que contendrá la escultura La Luna, la cual se colocará en el jardín de la Casa Taller Alfredo Zalce.
La funcionaria explicó que la decisión fue tomada a petición de la familia, amigos y alumnos del artista, con la intención de revitalizar el espacio como un punto de encuentro para las artes en Michoacán y un sitio de exhibición y desarrollo profesional para creadoras y creadores.
Como cada año, las Estelas de Zalce, ubicadas en la glorieta cercana al Zoológico Benito Juárez, serán sede del homenaje póstumo durante su aniversario luctuoso.
Del 15 al 19 de enero se llevarán a cabo las Jornadas Alfredo Zalce, que en este 2026 cumplen diez años, con actividades como la conferencia El maestro regresa a su Ítaca, impartida por su hija Beatriz Zalce, y la mesa redonda La migración en la obra de Zalce.
El 15 de enero a las 17:00 horas se inaugurará la exposición colectiva Travesías y resistencia, con la participación de cerca de 100 artistas michoacanos radicados en México y Chicago, Estados Unidos, en una muestra que une ambos países. La colección gráfica contará con la curaduría del artista Mizraím Cárdenas, reconocido en 2025 con el Premio de las Artes Eréndira por su trabajo con el sector migrante.
Alfredo Zalce perteneció a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y fue miembro fundador del Taller de Gráfica Popular (TGP), junto a figuras como Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins, Luis Arenal, Xavier Guerrero, Juan de la Cabada y Julio Bracho, entre otros, con quienes compartió el ideal de utilizar el arte como herramienta de compromiso social y político.
En una de las entrevistas que sostuve con “Fello” Zalce —a quien recuerdo con afecto por las reuniones sabatinas entre artistas y periodistas—, me narró cómo su padre, Manuel Zalce Flores, grabador y fotógrafo, le enseñó desde niño el oficio de la fotografía en Pátzcuaro, disciplina que ejerció durante toda su vida. Su madre, María de la Luz Torres de Zalce, era tejedora de huaraches.
Anécdota. En una ocasión, en su Casa Taller de la avenida Camelinas, mientras trabajaba con su mandil manchado de pintura, le pregunté cuánto costaba una de sus obras para comprarle una. Sin decir más, tomó una pintura, la firmó y me la entregó: “Tómala, no es nada”. Esa pieza aún la conservo con mucho cariño.