Partidiario

Criterio

Tras la publicación de la columna anterior en que me referí a las afirmaciones de Andrés Manuel López Obrador sobre su intención de terminar con la corrupción y los cacicazgos en las universidades y que entre éstas estaba, sin duda, la segunda más grande del país, la Universidad de Guadalajara, su exrector Tonatiuh Bravo Padilla me llamó para aclararme esencialmente dos cosas.

Advertencia de AMLO a Padilla López y secuaces

La primera: que él no es presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, como erróneamente yo le atribuí. Sólo es miembro de dicha comisión, como lo son otros exrectores como Juan Carlos Romero Hicks, de la de Guanajuato, donde también fue gobernador.

La segunda y más importante: que la respuesta que dio el presidente a la pregunta respectiva que se le hizo el pasado martes 12 en su conferencia de prensa mañanera, no fue en alusión a la UdeG.

De acuerdo con la versión dada por Bravo Padilla vía telefónica, el comentario de AMLO estuvo enfocado a las universidades quebradas que se encarga el diputado petista Alfredo Femat Bañuelos, de Zacatecas, y a La estafa maestra. “De ninguna manera fue en alusión a la UdeG”.

Agregó que el propio mandatario ha tenido desacuerdos con algunos legisladores coaligados con Morena como es el caso del propio Femat.

En la segunda conferencia de prensa de la semana, quien se identificó como Juncal Solano, del canal de Youtube  El charro político y estudiante de derecho, hizo, en resumen, el siguiente planteamiento al mandatario:

-Estamos preocupados los estudiantes que acudimos a universidades públicas porque sabemos que existe corrupción. ¿Dentro de estas acciones está contemplado acabar con ese cacicazgo, con esos dueños de esas universidades, porque si bien son públicas hay personas que se han adueñado y no sabemos qué pasa con esos recursos? A veces queremos irnos al extranjero y nos dicen: no hay recursos, pero hay rectores ganando bien, gastando en publicidad y queremos saber si se va a acabar con esa corrupción.

Tanto la pregunta como la respuesta tuvieron casi nula difusión en Jalisco, como ya lo comentamos anteriormente. He aquí la contestación completa de López Obrador a la que la inmensa mayoría no tuvo acceso. Dijo de corrido, sin titubeos, como no acostumbra. Hasta dio la impresión de saber anticipadamente de tal planteamiento:

“Hemos hablado de que tenemos todos que limpiar al país de corrupción y es el gobierno y son los sindicatos, las organizaciones sociales, civiles, empresariales, las universidades. Que no haya corrupción y que prevalezca la transparencia. Todo esto lo tenemos que hacer con la participación de todas y de todos, y al mismo tiempo siendo respetuosos de las autonomías, que no pueden significar cotos de poder, no pueden ser islas dominadas por caciques, trátese de un sindicato, de una universidad o de cualquier organización gubernamental aunque sea autónoma, al final de cuentas todos tenemos la obligación de informar”.

-¿Habrá auditoría para las universidades? –interviene de nuevo la youtuber tapatía, alumna del octavo semestre en la UdeG y quien había dicho que estaba entusiasmada con el presidente por su determinación contra la corrupción.

“Estamos buscando un  mecanismo de común acuerdo con las universidades sin que se interprete que es una injerencia del gobierno y una violación a las autonomías. Nosotros estamos cumpliendo transfiriendo fondos, entregando recursos a las universidades. Hay en efecto quejas de que pueden recibir más recursos. Hay universidades con influencia política, incluso vinculadas a partidos y las comisiones de educación en el Congreso manejadas por representantes de universidades: diputados y senadores, pero al mismo tiempo exrectores o integrantes de grupos que manejan universidades y que tiene mucha capacidad de gestión y obtienen muchos fondos para las organizaciones. La queja es que ese dinero no se aplica bien, ya conocemos todo lo que sucedió con la famosa Estafa maestra (así la tituló el sitio web Animal Político, que la dio a conocer) y los maestros de asignatura están muy mal pagados.

“Entonces pueden tener las universidades más presupuesto pero se queda arriba;  hay también un sistema piramidal, no hay igualdad, no hay equidad. Los de arriba se dan la gran vida y abajo el maestro de asignatura gana muy poco (…) Ojalá y haya más equidad de que cuando llegue el presupuesto, baje a los maestros y no se quede en los aparatos administrativos, pero esa es una recomendación respetuosa; siempre vamos a ser respetuosos de las autonomías pero todos tenemos derecho a opinar, a dar a conocer nuestros puntos de vista”.

Aunque es cierto que hay otras universidades en situación similar a la UdeG, como es el caso de Colima, Zacatecas, Hidalgo y algunas otras, AMLO involucró a todas las que son operadas por entes ajenos, no cabe duda que después del cacicazgo de Gerardo Sosa en Hidalgo, de Fernando Moreno Peña en Colima, que tienen tanto o más años que los 30 de Raúl Padilla López en la UdeG.

Es paradigmático, pese a muy débiles intentos de gobiernos panista de echarlo fuera. Fueron los casos de Alberto Cárdenas y de Emilio González Márquez, quien clasificó al grupo de El Licenciado, como Burguesía dorada y que, aunque le dio respaldo inicial a Carlos Briseño Torres, quien quiso sacudirse la tutela, lo dejó al fin colgado de la brocha y terminó orillado al suicidio un año después.

Según Bravo Padilla, durante su gestión, “la UdeG fue auditada todos los años por la Auditoría Superior de la Federación” y que esta universidad “no estuvo involucrada en la Estafa maestra ni en alguna otra situación parecida”; que el tabulador de sueldos y salarios lo manda la SEP y “ahí viene especificada la hora por asignatura”; que en su período y hasta este año, la universidad atendió a 50 mil estudiantes más y que pese a ser la segunda más grande, “es la última en presupuesto por alumno”.

Por salud propia, la UdeG, impulsada por los cientos de miles de alumnos, más que por la privilegiada cúpula, ya debe sacudirse el cacicazgo del grupo que la mantiene secuestrada desde hace tres decenios.

Quienes disfrutan del poder y operan a su antojo la benemérita y bicentenaria Universidad de Guadalajara amparados en un Consejo General Universitario a modo, tienen que pensarlo muy bien antes de que su fuente de todo y para todo se les seque y más de alguno pueda ser llamado a cuentas.

 

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