UN80: reformar la ONU y lo primero en la mira son los derechos de las mujeres

Las Naciones Unidas están cambiando. A ochenta años de su creación, el proceso conocido como UN80 plantea revisar estructuras, mandatos, formas de trabajo y mecanismos de coordinación para construir una organización más eficiente y capaz de responder a un mundo profundamente distinto al de 1945.

Dentro de esta discusión aparece una propuesta que debe mirarse con especial atención desde América Latina y el Caribe: la posible fusión de ONU Mujeres y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

La pregunta parece administrativa, pero no lo es. Estamos hablando de la arquitectura internacional creada durante décadas para defender la igualdad de género, los derechos humanos de las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos.

Curiosamente, esto ocurre en uno de los momentos más complejos para esos derechos. En distintos países observamos el fortalecimiento de movimientos antifeministas, el avance de los fundamentalismos, retrocesos democráticos, ataques contra defensoras, cuestionamientos a los derechos sexuales y reproductivos y ofensivas para debilitar los consensos internacionales alcanzados durante décadas.

Por eso, cualquier reforma debe comenzar con una pregunta sencilla: ¿esta transformación fortalece los derechos de las mujeres o los hace más vulnerables? No podemos aceptar que la eficiencia administrativa se convierta en austeridad de derechos.

ONU Mujeres y el UNFPA poseen mandatos diferentes y complementarios. ONU Mujeres cumple una función política y normativa fundamental para impulsar la igualdad de género dentro del sistema internacional. El UNFPA ha construido capacidades indispensables en población, salud y derechos sexuales y reproductivos, maternidad segura, adolescencias y producción de información.

Claro que se requiere una reforma integral al multilateralismo de Naciones Unidas, claro que se deben eliminar las burocracias innecesarias, claro que Naciones Unidas debe utilizar mejor sus recursos. Pero coordinar no significa necesariamente fusionar. Y mucho menos fusionar mandatos que garantizan los derechos de las mujeres en distintos ámbitos y acciones.

Antes de modificar instituciones construidas durante décadas, debemos preguntarnos qué ocurriría con su presencia territorial, sus equipos especializados, sus recursos, su capacidad de incidencia y, especialmente, con sus mandatos. Porque hay algo que desde los movimientos feministas latinoamericanos y caribeños conocemos bien: los derechos que parecían irreversibles también pueden retroceder.

Beijing, El Cairo, CEDAW, Belém do Pará y el Consenso de Montevideo no son documentos históricos para colocar en una biblioteca. Son conquistas políticas de generaciones de mujeres. Y hoy necesitan ser defendidas.

Desde América Latina y el Caribe también tenemos algo que decir sobre la manera en que Naciones Unidas se relaciona con la sociedad civil.

Las organizaciones feministas no queremos ser invitadas únicamente para validar decisiones previamente construidas. Queremos participar en su diseño. Queremos incidencia real. Queremos financiamiento directo, flexible y sostenible para quienes todos los días acompañan a mujeres víctimas de violencia, documentan feminicidios, defienden derechos sexuales y reproductivos, protegen a defensoras y enfrentan los autoritarismos desde los territorios.

La reforma de Naciones Unidas puede ser necesaria. Incluso puede convertirse en una oportunidad. Pero debe servir para acercar las Naciones Unidas a las mujeres, no para alejarla de ellas.

UN80 debería dejarnos una ONU menos burocrática, sí, pero también más feminista; más cercana a los territorios; más valiente frente a los Estados; más comprometida con los derechos humanos y con mayor capacidad para enfrentar los retrocesos. Las instituciones pueden transformarse, pero los derechos no pueden negociarse.

Porque cuando el mundo amenaza con retroceder, necesitamos un organismo de Naciones Unidas capaz de avanzar.

Y desde América Latina y el Caribe debemos decirlo con claridad: ninguna reforma institucional puede significar menos derechos para las mujeres y las niñas.


Dra. María Guadalupe Ramos Ponce

Coordinadora Regional de CLADEM

Profesora Investigadora de la UdeG.

@dralupitaramosp

lupitaramosponce@gmail.com

Canal de YouTube: Dra. Lupita Ramos

https://www.youtube.com/channel/UCQ_bKrt9f4rkb7VST7-sYrg

www.cladem.org

mariaguadaluperamosponce@gmail.com

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